dependencia-emocional¿Crees que eres emocionalmente dependiente?

Por Ana Villarrubia Mendiola

La persona no nace emocionalmente dependiente, se hace.

La biografía de personas con dependencia emocional suele estar plagada de carencias afectivas. Ya sea por la ausencia de sentimientos positivos a lo largo de la vida (y, muy especialmente, a lo algo de la infancia y adolescencia) o por el exceso de sentimientos negativos, lo cierto es que las carencias afectivas son protagonistas de la historia de vida de la persona con dependencia emocional.

Relaciones insatisfactorias, necesidades personales no atendidas o experiencias de rechazo (por no mencionar los extremos relacionados con el acoso o el abuso) suelen marcar el patrón de las relaciones interpersonales que la persona dependiente ha mantenido con su entorno a lo largo de su historia. De esta manera, la autoestima se ha forjado también en base a importantes déficits que impiden la auto aceptación así como el desarrollo de una valoración positiva de uno mismo.

La persona dependiente se construye en base a esquemas cognitivos disfuncionales: sus concepciones sobre sí misma, los demás y el mundo son negativas y en sus relaciones sociales parten de la anticipación de un potencial daño, rechazo o abandono. El dependiente no se relaciona de igual a igual ni vive de manera adaptativa el concepto de reciprocidad social. La persona que ha desarrollado una personalidad dependiente puede compartir con otros perfiles psicopatológicos la historia de carencias afectivas pero ante ella no opta por el alejamiento de la vinculación con el otro sino que, muy al contrario, se pasa la vida en una constate búsqueda compensatoria.

Desgraciadamente esta búsqueda se refuerza a sí misma: por su forma de relacionarse con los demás, la persona dependiente establece relaciones viciadas que es altamente improbable que lleguen a ser psicológicamente saludables. En realidad el dependiente es el primero que se rechaza, con tal despliegue de opiniones negativas con respecto a sí mismo que se minusvalora y ahonda en su problema

En la relación de pareja -aquella en la que habitualmente uno confía una mayor parcela de intimidad y en base a la cual suele construir su vida adulta- la persona dependiente se coloca en una posición de sumisión desde el inicio, como si esta fuera una buena herramienta para evitar el abandono. Tiende a idealizar al otro y es capaz de renunciar a sus propias necesidades y deseos (que quizá no sepa ni identificar) con tal de permanecer bajo el amparo o la falsa protección de otro que es quien marca el ritmo de su propia vida,

El carácter crónico de todas estas tendencias de comportamiento y formas disfuncionales de vinculación afectiva agrava el problema pues lo perpetúa a lo largo de los años de tal modo que cuando la persona dependiente acude a consulta clínica suele acarrear consigo un largo historial de sufrimiento personal.

 

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Ana Villarrubia Mendiola (Psicóloga Col. M-25022) dirige la  Consulta de Psicología en Madrid  ‘Aprende a Escucharte’