UnknownPor Ana Villarrubia Mendiola – Psicóloga Sanitaria Colegiada M-25022.

Hablamos muy a menudo de “emociones negativas” para referirnos a esos estados emocionales que nos producen malestar. Pero, a pesar de lo incómodas que nos resulta experimentar esas llamadas “emociones negativas” lo cierto es que, como emociones que son, todas ellas cumplen una función.

Hemos hablado ya en este blog de la funcionalidad de emociones como el asco (crucial en la auto protección y en la supervivencia de la especia), la ira (imprescindible en la configuración de nuestras relaciones sociales en el respeto fe nuestros derechos, deseos y voluntades) o el miedo (igualmente filogenético y de gran utilidad para resguardarnos de peligros y proteger nuestra integridad física o psicológica). Hoy quiero centrarme en las grandes olvidadas, las más deseadas pero también las que a veces más cuesta identificar: las llamadas “emociones positivas”. Entendemos que ni las primeras son negativas ni las segundas son positivas; lo relevante es que son todas ellas útiles y punto, pero estas etiquetas nos permiten diferenciar aquellas que nos desagradan de aquellas que nos satisface experimentar.

Las emociones que llevan implícita una gratificación personal como la felicidad, el orgullo o la satisfacción parecen condenadas al ocultismo hoy en día. Parece que con compañeros de trabajo, con familiares o incluso en una conversación de ascensor “sentirse bien está mal visto”. Es como si nos relacionásemos mejor desde el “tirando”, “aguantando el temporal” o el “aquí andamos, fastidiados como todos”. Como si estar “fenomenal” o “en un buen momento” resultara insultante u ofensivo. Parece que “con la que está cayendo” hay que estar mal como si lo contrario supusiera ser un presumido o un arrogante. Pues bien, si todas ellas cumplen una función como ya hemos dicho, para nuestra salud psicológica es tan perjudicial no expresar las emociones “negativas” como no expresar las “positivas”.

Si a esto le sumamos que nuestro cerebro está más preparado para fijar y codificar experiencias y emociones negativas que emociones y experiencias positivas, entonces ya el sentirse bien se hace cada vez más inviable. Efectivamente, desde el punto de vista evolutivo y cerebral las emociones “negativas” dejan huellas de memoria más duraderas, más accesibles y más estables. Tiene sentido: cuando se trata de sobrevivir en un entorno hostil (pensemos en lo que rodeaba a nuestros congéneres siglos atrás) es más adaptativo recordar peligros, codificar miedos y estar preparado para actuar en cuanto se nos pongan delante.

Pero, aunque la ansiedad nos juegue a veces malas pasadas, no vivimos ya en un mundo lleno de peligros y no experimentar, codificar y recordar experimentas y emociones “positivas” es contraproducente.

Las emociones positivas nos premian internamente, refuerzan nuestra motivación, nos sirven para perseguir metas a largo plazo y además nos protegen del estrés.

Las emociones “positivas” no solo resultan gratas en el momento de experimentarlas sino que nos dotan de mayor seguridad en nosotros mismos y permiten el emprendimiento de nuevos retos desde un pensamiento de mayor auto superación, más creatividad y más flexibilidad. Sentirse bien nos reporta beneficios en el corto, en el medio y en el largo plazo. Sentirse bien es eficiente y eficaz hasta en lo profesional, contribuye a un mayor bienestar vital y nos ayuda a preservar nuestra salud psicológica y también física: si los efectos de la angustia y la ansiedad sostenidos en el tiempo desequilibran nuestro sistema neuroendocrino y atacan a nuestro sistema inmune, las emociones positivas protegen nuestro organismo en sentido inverso.

Y esto no es todo, a nivel social compartir experiencias y emociones “positivas” nos ayuda a tejer una red de relaciones sociales de mayor intimidad, a través de vínculos con otras personas más profundos, duraderos y gratificantes.

Por tanto, si quieres beneficiarte también de los efectos y las funciones de las emociones “positivas” y estás cansado de cargar solo con los efectos de las negativas no te limites a experimentar bienestar cuando surja: búscalo también y cuando lo obtengas cuéntalo, compártelo y poténcialo.

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Ana Villarrubia Mendiola dirige el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid.