Como-mejorar-la-memoria-67: El número mágico que tu memoria no puede “técnicamente” superar 

Por Ana Villarrubia Mendiola – Psicóloga Sanitaria Colegiada M-25022.

¿Cómo funciona nuestra memoria de trabajo? Si eres de los que es incapaz de recordar y mucho menos de marcar un número de teléfono después de haberlo escuchado o si eres de los que no puede hacer operaciones matemáticas sin lápiz y papel, seguro que en algún momento te ha maravillado la capacidad de memoria de otros. ¿Crees que lo que te ocurre es que tienes “poca memoria”? ¿Te gustaría poder entrenarla?

Cuando traemos a la mente un recuerdo o recitamos una serie de datos que aprendimos en un momento determinado estamos recurriendo a nuestra memoria a medio o largo plazo: codificamos esa información, luego la almacenamos y en el momento presente la recuperamos mediante las claves de recuperación adecuadas. Aunque no nos demos cuenta de ello, la recuperación de la información depende de todo un proceso neuronal que puede fallar (lagunas de memoria u olvidos) y que suele hacerlo por problemas en su primera o en su última fase (en la codificación o en la recuperación).

No obstante, otro almacén de memoria a corto plazo puede trabajar antecediendo a todo ese proceso (ayudando a codificar la información) o de manera prácticamente paralela. La Memoria a Corto Plazo nos permite operar con datos en tiempo real, mantenerlos activos en la mente durante unos segundo de concentración (alrededor de unos 30 como máximo) o el tiempo necesario para el trabajo con ellos, con independencia de que luego nos esforcemos o no por codificarlos y almacenarlos de manera más longeva. Algunas operaciones mentales requieren de una gran agilidad e implican el manejo de datos de manera casi mecánica o automática.

El psicólogo George Miller dedicó gran parte de su carrera investigadora a dilucidar cuáles son los límites del ser humano para procesar la información que recibe y descubrió que, por desgracia, esta capacidad parece relativamente reducida: nuestro sistema nervioso nos limita biológicamente al recuerdo y manejo de 7 ítems (dos arriba o dos abajo, sin excepción): de ahí que el 7 fuera considerado por él como un número mágico.

¿Cómo se explican entonces los fenómenos de ciertos mnemonistas?

Pues bien, existen formas para “trampear” la teoría sin llegar a rebatirla.

La clave está en no considerar un único ítem como un único estímulo de información dentro de esos cinco a nueve posibles. Lo que las personas hacemos para estimular nuestra capacidad de memoria a corto plazo es un fenómeno llamado chunking mediante el cual la información se asocia en fragmentos que pueden estar compuestos de varios ítems cada uno. El chunking no es más que una forma de agrupar los datos de manera significativa, lo que nos permite incrementar notablemente nuestra capacidad de memoria. El chunking es un ejercicio mental y puede ser entrenado de modo que se recuerden grandes cantidades de información (por ejemplo, toda una serie de palabras o números) que entre sí no suman más de 7 grupos de datos anexados asociados entre sí.