Sexualidad femenina: ¿Qué es lo que de verdad deseas?

Por Ana Villarrubia Mendiola.

Desde hace décadas las mujeres trabajamos duro para ser consideradas a la par que los hombres. El esfuerzo y a valentía de muchas mujeres luchadoras ha logrado hitos tan impensables en un pasado no tan lejano como crear y modificar leyes para que, por poner un único ejemplo, la mujer se incorporara al mercado laboral y posteriormente se equiparara al hombre en un ámbito tan importante como este. Aún así, casi con total seguridad muchos coincidirán conmigo en que, pese a la apariencia formal, queda aún un largo camino por recorrer para que socialmente la consideración de la mujer no sea inferior a la del hombre en numerosos aspectos de nuestra vida cotidiana.

¿Qué pasa cuando hablamos de nuestra intimidad? ¿Qué hay de la esfera privada? No siempre predicamos con el ejemplo…

Por desgracia gran parte del machismo que muchas mujeres denuncian en nuestra sociedad proviene precisamente de nosotras mismas: de las mujeres. Somos las primeras en querer adquirir en exclusiva determinadas responsabilidades en casa, las primeras en apelar a una supuesta inutilidad masculina en determinados ámbitos, las primeras en utilizar lenguaje sexista, las primeras en ponernos por detrás de un hombre en algunas circunstancias, etc.

¿Y qué hay del sexo?

Nos comportamos de forma sumisa en muchas ocasiones, no pedimos expresamente aquello que queremos, nos avergüenza nuestro cuerpo, y tratamos de ocultarnos haciendo que lo que consideramos imperfecto en nuestro cuerpo pase desapercibido entre ropas, sábanas o luces tenues. Somos capaces de sacrificar nuestro propio placer en beneficio del de él, con tal de no decir esta boca es mía. ¿Esa es nuestra idea de placer? ¿Verdaderamente puede disfrutarse plenamente del sexo con tan poca naturalidad?

¿No es esto verdad? ¿No es esta actitud mucho más típica que la de los hombres? Una vez más, haciendo autocrítica,

No caigamos una vez más en el sexismo, todos queremos gustar. ¡Ellos también! Y todos tenemos nuestro talón de Aquiles pero, ¿acaso no es más típico de la mujer olvidarse de su propio placer? Queremos iguales pero no nos consideramos iguales. Preferimos complacer a ser complacidas. ¿Es que merecemos menos? ¿Es que no necesitamos gozar del sexo por igual? A través de pequeñas rutinas adquiridas creemos ocultar nuestros complejos pero, en una relación de dos, el resultado último es que nos comportamos como si nosotras valiésemos menos.

Sin duda esta actitud no es consciente ni voluntaria, que la autocrítica sirva para despertarnos y no para desmoralizarnos. En el lenguaje y en las maneras de nuestras madres y de nuestras abuelas probablemente ya aprendimos a leer entre líneas. En la sociedad en la que vivimos hemos asimilado ciertas ideas acerca del rol que debemos cumplir en determinadas situaciones. Arrastramos prejuicios tan sutiles que forman parte de los esquemas a través de los cuales interpretamos el mundo. Y más perjudiciales aún son los anuncios de compresas y otros productos que se sirven de una falsa imagen de mujer moderna, fuerte y “liberada” para exaltar inútilmente la parte más vacía de lo que significa la igualdad.

Sin embargo, debemos darnos cuenta de que ocultándonos y rechazándonos a nosotras mismas nos privamos de multitud de experiencias, nos privamos incluso del placer, del gozo, de la complicidad en las relaciones sexuales.

Liberémonos, esta vez de verdad, de la imagen que otros pretenden dar de la mujeres y creámonos de verdad que merecemos los mismos cuidados que los hombres. Propongo un ejercicio de introspección y que nos miremos un poco el ombligo (no demasiado). No podremos vivir plenamente nuestra sexualidad mientras no nos decidamos de una vez por todas a aceptarnos tal y como somos. Valoremos aquello que tenemos, pongamos nuestros propios límites, no digamos “si” cuando queremos decir “no” y empecemos por respetarnos a nosotras mismas.

Muchos estereotipos sociales son nefastos para la imagen de la mujer pero, mientras los criticamos de boquilla, por dentro aspiramos a cumplirlos e incluso nos castigamos por no alcanzar unas absurdas expectativas. ¡Basta ya!

¿Qué es lo que de verdad quieres? Volviendo al terreno sexual, ¿cuáles son tus deseos? Enfrentémonos primero a nuestros propios deseos: aprendamos a reconocerlos e identificarlos. Tan sólo una misma es responsable de su propio placer. No deleguemos responsabilidades y conozcámonos para poder querernos. ¿Acaso hay cosas que deseamos cambiar? ¡Actuemos para ello! Si las expectativas de cambio que nos planteamos son asequibles, no podemos quedarnos paradas y esperar a que las cosas pasen sin más. Observémonos, potenciemos lo que nos gusta, identifiquemos lo que no nos gusta y hagamos lo necesario para buscar aquello que queremos, para pedir lo que deseamos y para satisfacer nuestras necesidades. Todo comienza por creernos capaces de ello.

En ocasiones parece que el hombre lo tiene más fácil, que a él le resulta más fácil saber lo que quiere. ¿Pero es que nacemos sabiendo? No, nadie nace sabiendo, aprendemos a conocernos y, ensayando, acabamos encontrando lo que queremos. Por desgracia, nuestra falta de seguridad nos impide ensayar, nos impide experimentar y, por tanto, nos impide disfrutar. Solo librándonos de nuestra ataduras podremos ir conociendo qué es lo que nos gusta, podremos permitirnos pedirlo y podremos permitirnos disfrutar del sexo. Además, apuesto a que, con el tiempo, las consecuencias serán positivas para ambos.

Los complejos, los tabús y los miedos son ataduras que nos impiden conocer y disfrutar. Hablemos de sexo, informémonos debidamente y lograremos así disminuir la incertidumbre y la inseguridad que tanto nos asusta. Liberémonos de nuestros miedos y permitámonos hacer una placentera excursión en el mundo de nuestra sexualidad.

La sexualidad es una parte importante de nuestra vida y una parte muy importante también de nuestra vida en pareja. En muchas parejas, por desgracia, se convierte en fuente de conflictos, de insatisfacción y de rencores. No tires la toalla, acude a buscar ayuda, no te cierres una puerta, no te niegues una forma de sentir, relacionarte y gozar.

Prueba, ensaya, experimenta, desea, pide, niega… ¡Disfruta!

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Ana Villarrubia Mendiola es psicóloga clínica, especialista en Problemas de Conducta y Terapia de Pareja. Dirige desde el año 2012 el Gabinete Psicológico ’Aprende a Escucharte en Madrid