a family photo with cat and dogPor Marga Gutiérrez del Arroyo.

Cuando uno trabaja con niños entiende lo mucho que se puede aprender de ellos, lo importante de relativizar las cosas desagradables, y la necesidad de seguir buscando objetivos e ilusiones a lo que aparentemente ha llegado a su fin.

Cuando el niño alcanza una edad en la que le interesa descubrir por si mismo el mundo que le rodea, y dejar de caminar por él de a mano de sus padres, la relación con él se resiente un poco. Se despiertan muchos fantasmas en los padres: padres que de repente no se sienten tan necesarios como antes, padres que se enfrentan al acercamiento de sus hijos a la edad adulta y la suya propia a la edad de mayor madurez, padres que se sienten retados y cuestionados en sus normas y en su propia persona.

Matthew Selekman aplicó una tarea interesante con una familia con la que trabajaba hace tiempo, que es publicada en el libro “200 tareas en terapia breve” (Mark Beyebach y Marga Herrero, Editorial Heder). La tarea se llama “El hijo como profesor del padre” y tiene como objetivo que el hijo pueda mostrar sus competencias a sus padres, y así intercambiar el rol de maestro-aprendiz naturalmente impuesto.

¿Qué me puede enseñar un niño? Absolutamente todo. Desde un juego de ordenador, una canción con un instrumento musical, una coreografía, cocinar un determinado plato…todo lo que deseemos aprender.

¿Qué se lleva el niño cuando le damos la oportunidad de enseñarnos cosas nuevas? Descubre que ya es capaz de mostrar cosas nuevas a quien “todo lo sabía” gracias a que ha dedicado tiempo e interés a explorar algo por si mismo; afianza su aprendizaje y descubre las dificultades que conllevan el enseñar al que no es tan experimentado en algo (recordamos ahora la simpática frase de Einstein No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela) y sobre todo vive la enorme satisfacción de intervenir en el curso de las cosas y del día a día.

Si intentamos que la tarea que propone Matthew Selekman no quede relegada a un día anecdótico en familia, sino que se convierta en una dinámica cotidiana, conseguiremos que todos los miembros que componen el sistema se sientan confiados y motivados a compartir lo que descubren con los demás, y así incentivados para seguir explorando nuevos terrenos. Todos ganan y además, los padres aprenden.

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Marga Gutiérrez del Arroyo es una de las Psicólogas Infantiles del Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte‘ en la calle Alonso del Barco nº 7, en Madrid.