dsc_0057Por Alba Fernández Zamora

Los seres humanos formamos parte de una sociedad, somos por naturaleza animales gregarios, buscamos compañía con frecuencia. Estamos en constante contacto con otras personas. Sin embargo esto no siempre ocurre, de hecho 1 de cada 10 personas, según el INE, vive en soledad.

Cuando hablamos de soledad tenemos que diferenciar entre la soledad como opción y la soledad por obligación. La voluntariedad sobre la misma hace que su gestión sea necesariamente diferente.

En primer lugar, si nos encontramos ante la soledad como decisión, resulta indispensable hablar sobre la necesidad que tenemos todos los seres humanos de “encerrarnos” un tiempo con nosotros mismos. Conocernos, escucharnos y comprendernos resulta en ocasiones vital para poder seguir el ritmo que nos va marcando la vida. La estrategia por la que optamos es alejarnos el tiempo necesario y , en resumen, poner en práctica lo que todos hemos necesitado y conocemos como “desconectar”. No obstante, dicho periodo no debe ser demasiado extenso en el tiempo, sino que debe ser enfocado más bien como un medio para conseguir un fin. Un tiempo clave que nos permita avanzar.

Los beneficios de ello pueden ser muy significativos. Siempre es útil utilizar la soledad para ordenar pensamientos, sentimientos y hechos así como para plantearse nuevas metas y diseñar cómo vamos a llegar hasta ellas. Constantemente tomamos decisiones sobre aspectos importantes para nuestra vida, analizamos problemas y las alternativas que disponemos para el mismo. Esto requiere tiempo y en la mayoría de los casos, tiempo con nosotros mismos.

Alejarnos del ruido y encerrarnos con nosotros mismos no es fácil pero una vez que se toma conciencia u observas las ventajas puede ser un hábito saludable para nuestra mente. Sin embargo, hay situaciones que nos pueden empujar a la soledad de manera involuntaria, como por ejemplo cambiar de cuidad por motivos laborales y no haber podido desarrollar vínculos con personas de ese nuevo entorno. Otro ejemplo de ello puede ser una ruptura sentimental para la que no se está preparado, teniendo que asumir que se vuelve a vivir solo y no en pareja. Es entonces cuando podemos preguntarnos ¿cómo se gestionan estos momentos vitales que pueden ir de la mano de la soledad? ¿cómo aprender a vivir con ella cuando no hay otra alternativa, al menos por el momento?

Según el estudio realizado por La Fundación AXA y la Fundación ONCE uno de cada diez españoles confirmó haberse sentido solo con frecuencia durante el año 2015. Estos datos revelan que los sentimientos de soledad son mucho más habituales de lo que quizá muchos piensen, por lo que algunas de las estrategias con las que la Psicología aborda esta situación son:

Por tanto, existen múltiples formas y estrategias para gestionar la soledad. Si bien todas ellas necesitan cierto esfuerzo y conocimiento sobre nosotros mismos. No encuentro mejor modo de terminar este post que con una frase pronunciada por un paciente que atravesó duros momentos de soledad, y que, poniendo en práctica lo anteriormente comentado consiguió gestionar la situación de soledad de una forma muy positiva:

 La mejor amiga de la soledad es sentirse bien con uno mismo.

Alba Fernández Zamora es Psicóloga en Formación como Sanitaria en el Centro de Psicología ‘Aprende a Escucharte‘ en la calle Alonso del Barco nº 7, en Madrid.