Acuarela: ¿Pintamos lo que vemos?

Por José Mª Arévalo

(Pinar de Antequera. Acuarela de Antonio Arévalo bajo la tutoría de F. Buendía.12×22)

En el artículo que publicaba el pasado 20 de julio, sobre “ El canon griego” incluí un texto de E.H. Gombrich en “Arte e Ilusión. Estudio sobre la psicología de la representación pictórica” que se refería a una cita especialmente interesante de F.C. Ayer: “Muchos dibujantes deficientes en su surtido de esquemas pueden dibujar bien copiando otro dibujo, pero son incapaces de dibujar del natural”. Hace unos días volví a recordar esta idea, charlando en su estudio con Pedro Alonso, el fiel alumno de Castilviejo, que me enseñaba sus últimos trabajos y comentaba que la gente, a juzgar por la prisa e insistencia de sus clientes, se cree que una vez concebida la idea, el cuadro se acaba de dos brochazos. Me gusta todo lo suyo, ya lo he comentado en artículos anteriores, pero especialmente me encantaron varios lienzos con temas de hombres del campo que tiene dibujados, rostros donde se reflejan los surcos y las inclemencias del tiempo, en los que aún no ha empezado a manchar. Las rectificaciones en la posición de un brazo, en dimensiones y gestos, eran manifiestas. “Se tarda mucho en conseguir algo convincente, solo en el dibujo”. Pedro, como su maestro, el gran Castilviejo, pinta el tipo clásico del labrador castellano, que ya se ha convertido en su estereotipo, yo diría más aún, su paradigma.


(Esquema de pino piñonero. Apunte a la acuarela de F. Buendía)

Como Pedro tiene cogido el esquema del labriego de estas tierras, en sus diversas actitudes, tenemos que tener esquemas de cómo se pinta una casa molinera desde diferentes ángulos, los pinos, el reflejo en el agua, las nubes, los matorralillos del primer plano; cómo se “tallan” los troncos de los árboles para que salgan las luces, etc., etc.. Todos tenemos algún amigo o conocido que gusta de dibujar, mientras asiste a una clase o conferencia, a una reunión o tertulia, caras de la gente, rincones de la sala, lo que se ve por la ventana o incluso monigotes inventados sobre la marcha. Es una afición de la que carezco, pero reconozco que es muy recomendable para tener esos esquemas de que hablamos. Dos de mis hijos hacen esos dibujitos, desde pequeños, así que les estoy animando a que se metan en la acuarela. El mayor, Antonio, ya ha venido un día a pintar al campo con los tres o cuatro que venimos saliendo, y tuvo la suerte de que mi compañero Buendi le ayudara – bueno, algo más que ayuda- con su primera acuarela, con la que ilustro este artículo. Ya que íbamos a pintar al Pinar de Antequera, le enseñé antes el esquema de cómo es un pino por estos pagos, un pino piñonero, que me había hecho a mí Buendi hace tiempo y que guardo como oro en paño, y que también incluyo, aun a sabiendas de que a mi amigo no le gusta figurar.

Lo cierto es que el aprendiz que empieza pintando de foto, como dice la cita de F.C. Ayer, se estrella con la realidad cuando sale al campo, porque quiere pintar lo que ve. Ciertamente la naturaleza es maravillosa, y la acuarela medio especialmente hábil para reflejar los colores que vemos, para conseguir, en la paleta, cualquier color tanto con luz como a la sombra. Lo que no nos resuelve nada a la hora de pintar. Se dice que el artista no copia la realidad, sino que la recrea. No es solo eso: sin llegar a intentar siquiera demostrar nuestra capacidad creativa, los criterios de composición, color y forma, ya requieren modificar la realidad. Podemos inspirarnos en determinado efecto de la luz sobre un tejado, pero muy probablemente tengamos que inventarnos el alero, las sombras que produce éste y la arrojada de la casa sobre el camino.

Esta reflexión me ha llevado a valorar más lo que se suele llamar pintura conceptual (por ejemplo, “El grito” de Munich), aquella en la que no se pretende reflejar la realidad sino explicar algo, y en la que se prescinde con frecuencia de buscar la verosimilitud. Otro tanto ocurre con la pintura surrealista, de la que la conceptual casi es un derivado. En ambas se representa una idea de la realidad, con frecuencia muy esquemática. Es sabido que el hombre conoce la realidad a través de las imágenes que nos formamos de ella, pero no solo la imagen sensible, la que se forma, digamos, en la retina, sino de la abstracción que de ella hace nuestra mente. Esa elaboración conceptual, una síntesis de lo que captamos, es la que nos permite distinguir unas cosas de otras. Y después, hablar de ellas entendiéndonos con los demás; hablar y usar otros medios de comunicación, como la pintura.

Pues bien, pienso que podría ser un buen aprendizaje, para el principiante, tratar de componer figuras más conceptuales, buscando una buena composición y combinación de colores, y no copiar la realidad, con lo que no avanzará más que hacia la desesperación. Así podrá aplicar más fácilmente el consejo habitual de pintar manchas, no detalles. Hace unos días vi un reportaje sobre Cezane y su obra. Pensaba, viendo sus cuadros del paisaje de Provenza, si es más impresionista o más conceptual. Quizá los primeros conceptuales no fueron los surrealistas, sino los impresionistas, llevados por su afán en reflejar la luz y el color.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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