Pedrojota Ramírez, Director del diario "El Mundo"

Verdad

«La reforma iniciada por Defensa para lograr la confesionalidad del Ejército es un desprecio hacia las tradiciones del país como hacia las creencias de la mayoría de la sociedad española»Editorial. El Mundo, 07-06-2010

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La modificación del Reglamento de Honores Militares que ha decretado la ministra de Defensa, Carme Chacón, y que supuso la prohibición de rendírselos, como se venía haciendo tradicionalmente, al Santísimo durante la procesión del Corpus en Toledo, ha hecho correr ríos de tinta en la prensa.

El diario El Mundo, que habitualmente se muestra tibio en estos asuntos, fue contundente en su comentario editorial:

«Quizá puede interpretarse que la activa participación de unidades de las Fuerzas Armadas en procesiones, misas y otros ritos católicos (...) no se corresponde con la definición constitucional de España con un Estado aconfesional».


Pero, introduce un matiz:

«Sin embargo, la Constitución también establece en su artículo 16.3 que los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española».

Seguidamente, concluye:

«La reforma iniciada por Defensa para lograr la aconfesionalidad el Ejército puede interpretarse tanto como un desprecio hacia las tradiciones del país como hacia las creencias de la mayoría de la sociedad española».

La medida adoptada por la socialista Chacón no se debe a un capricho personal, ni a una demanda social importante. Ciertamente, ya esta Semana Santa, algunos articulistas de la izquierda se encargaron de preparar el terreno subrayando la incoherencia de que el Ejército o las Fuerzas de Seguridad del Estado de un país aconfesional participasen en manifestaciones católicas.

La razón de esta medida se debe al intento de Zapatero de convertir a España en un país laico, que no es lo mismo que aconfesional.

Como recuerda el periódico de Pedrojota Ramírez, la propia Constitución lo prevé. Un Gobierno no puede, y menos en un momento tan difícil como éste, a crearse problemas inexistentes que, además supone una humillación para muchos españoles que son católicos.