Ignacio Camacho, Periodista

Verdad

«Hay en Cataluña una epidemia intelectual que impide a la mitad de los ciudadanos apreciar la superchería nacionalista»Columna en 'ABC', 16-10-2015

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Titula Ignacio Camacho su columna de 'ABC' de este 16 de octubre de 2015 "En la ardiente oscuridad" y en la nota compara a Artur Mas con un Moisés andrajoso que se las viene a dar de libertador.

Un mamarracho, dicho en castellano llano:

Debe de haber cundido en Cataluña una suerte de epidemia moral e intelectual cuyos efectos impiden a la mitad de los ciudadanos apreciar la zafia superchería nacionalista. El virus del victimismo se ha generalizado hasta envolver como una cápsula siniestra todo atisbo de discernimiento lógico en la vida pública. En el interior de esa burbuja el soberanismo vive una realidad virtual construida con la propaganda; una psicología deformada que trastorna los conceptos elementales de la política y del Derecho para encajarlos en su realidad hemipléjica.

Sólo así, desde la premisa de una profunda alienación, puede entenderse que decenas de alcaldes y altos cargos instrumenten una algarada coactiva contra los tribunales de un Estado bajo la escenografía simbólica de un acto de rebeldía democrática. Y que lo hagan con el consenso de la opinión pública, adoctrinada sin pausa ni aliento por el enorme aparato mediático oficialista. La creación de este universo paralelo es el gran éxito del nacionalismo, que ha logrado confinar a una significativa parte de la sociedad catalana en las coordenadas ficticias de un estado mental transferido, de un marco flotante de pensamiento enajenado.

Detalla que

Los elementos esenciales de ese paradigma inventado, de esa ficción supersticiosa, estaban presentes en la crecida desafiante y retórica de Artur Mas ante el juzgado: mesianismo, mitología y martirologio. Impregnados, eso sí, del aura mediocre de un personaje que de Moisés a Companys no para de buscar referencias grandilocuentes que realcen su natural vulgaridad política. Cualquier comunidad madura arrinconaría con desprecio a un dirigente que la ofendiese con manipulación tan zafia. Sin embargo el mensaje victimista y falaz del president cuenta con una complicidad social que manifiesta alarmantes síntomas de desvarío. Y no sólo entre el envenenado bloque secesionista, irreductible a toda evidencia de su parcialidad sesgada; líderes de influencia con aparente equilibrio racional consideran inconveniente o inoportuno que un ciudadano español sea interrogado en un tribunal por presunta desobediencia a la Justicia. Porque eso es, sostienen, un modo de «fabricar independentistas».

Y apunta que los ciudadanos también tienen su cuota de responsabilidad en este caos en el que está sumida Cataluña:

Aparte el hecho claro de que los independentistas los fabrica a toda máquina la eficaz factoría de manipulación del régimen, esta medrosa superstición testimonia la hegemonía del nacionalismo incluso entre sus adversarios, sometidos a un apocamiento pusilánime. El discurso redentorista de Mas, su andrajosa impostura de heroico libertador, es posible porque su autor sabe que cuenta con crédito. Porque previamente ha creado la atmósfera de desistimiento intelectual necesaria para que triunfe su patraña. Porque bajo las luces de la sociedad de la comunicación existe, como en el drama de Buero, una colectividad encerrada en la ardiente oscuridad de su ceguera voluntaria.