Ignacio Camacho, Periodista

Verdad

«Podemos evitará unas nuevas elecciones si obtiene una compensación adecuada de Pedro Sánchez»Columna en 'ABC', 17-02-2016

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Ignacio Camacho apunta en 'ABC' que las condiciones leoninas que le pone Iglesias a Sánchez responden a una lógica del mercado capitalista tan denostado por los podemitas, aprovecharse de la necesidad de su interlocutor:

Se trata del estado de necesidad. Las condiciones leoninas que Pablo Iglesias ha puesto al PSOE obedecen a su perfecta comprensión de la debilidad en que se encuentra Pedro Sánchez. El político más anticapitalista pretende someter la negociación a la más implacable ley del mercado negro. A diferencia de los de Ciudadanos, sus votos valen la Presidencia y pretende exigir por ellos un precio especulativo. Detrás del centenar de folios hay una oferta simple: el poder, todo el poder, a cambio de la investidura.

Podemos es el partido que menos tiene que perder, y más que ganar, en caso de nuevas elecciones. Por tanto, sólo le interesa evitarlas si obtiene una compensación adecuada a sus intereses, que están centrados en la ocupación rápida del Estado -el célebre «asalto a los cielos»- y en la minimización del Partido Socialista. La determinación de Sánchez por ser presidente le ofrece una oportunidad de acelerar sus planes de hegemonía utilizando al propio PSOE como palanca de lanzamiento. Y el tiempo corre a su favor a medida que al candidato se le estrecha el horizonte. En realidad, el plazo no caduca hasta mayo, pero Iglesias ha volcado ya el reloj de arena.

Considera que:

El referéndum catalán tiene pinta de cortina de humo. Tal vez no sea la exigencia cimarrona que tumbará el acuerdo, sino la cláusula-trampa cuya anulación lo hará posible. Es un obstáculo demasiado visible para no tener truco; está ahí para ser retirado en última instancia. Para simular un quidproquo de mutua buena voluntad y volver en apariencia tolerables las concesiones draconianas del resto del contrato.

Esas condiciones implican un cambio de régimen. No las económicas, sino las políticas. Un salto de la democracia representativa a la asamblearia popular, basada en eliminar los contrapesos institucionales mediante mecanismos revocatorios. Es un modelo autoritario que se arroga hasta la gestión de un fantasmagórico «derecho a la Verdad» y subordina las garantías de las libertades a la cúpula -incluso policial- de una estructura de poder hiperconcentrado. Y es también, aunque en eso poca discrepancia encontrará en el PSOE, un designio de exclusión de la derecha como agente político.

Y remata:

Cualquier partido con mediana inteligencia colectiva entendería la amenaza que encierra un proyecto así. Pero en este momento el PSOE vive en un conflicto entre sus intereses como organización y los personales de su liderazgo. La salida sensata confluiría en un acuerdo con C's, pero, aunque podría cuajar en breve, tendría sólo un carácter testimonial, condenado a la inviabilidad por falta de masa crítica parlamentaria. Iglesias es consciente de la situación de su interlocutor y lo presiona con una auténtica exacción política: no le pide sólo las llaves del Gobierno, sino las de todo el aparato del Estado. Y el problema es que resulta probable que Sánchez esté dispuesto a dárselas.