Voz del sur

Julio Frank Salgado

Dos días y dos noches sin luz

Durante la madrugada del sábado 15 cayeron hasta 30 centímetros de nieve sobre las comunas aledañas a la cordillera en el Area Metropolitana de Santiago. La inusual, aunque predicha nevada, la primera desde hacía diez años, produjo la caída de árboles y ramas sobre el tendido eléctrico, y miles de habitantes de esa zona -entre las más populosas y pudientes del país- quedaron sin energía.

Durante más de 48 horas, esos millares de santiaguinos experimentaron el calvario de tener que acompañar con velas y linternas su quehacer doméstico, sufrir con mayor intensidad la cruda temperatura invernal (el termómetro bajo cero grado es pésima noticia aquí), evitar que los alimentos se descompusieran dentro del refrigerador y comunicar su aflicción con los no siempre disponibles aparatos portátiles debidamente energizados ante una emergencia. Lo más dramático fueron los casos de pacientes cuyo tratamiento requiere dispositivos eléctricos diariamente.

Los responsables del suministro –las empresas Enel y CGE– tampoco la pasaron bien. Doce horas después del corte, Enel comunicó a sus clientes y a la ciudadanía que sólo le era posible reponer el servicio en forma parcial y paulatina, aduciendo la complejidad del problema y las arduas condiciones de trabajo, incluyendo la oscuridad nocturna. El domingo, había reducido significativamente el número de afectados, pero todavía no podía anticipar una hora posible para la reposición total.

Ante la crisis, similar a la ocurrida en mayo pasado tras anegamientos por lluvia, las autoridades de gobierno se limitaron a asegurar que iniciarían una investigación y estudiarían eventuales sanciones. Los municipios de Las Condes, Providencia, Vitacura, La Reina, Ñuñoa y Lo Barnechea, en tanto, fueron más prácticos y directos: asumiendo las crecientes protestas públicas de los vecinos, se apuraron en anunciar la presentación de una demanda colectiva.

Privatizada

Enel Distribución es el nuevo nombre de Chilectra (Compañía Chilena de Electricidad), una de las empresas del Estado privatizadas por la dictadura en sus últimos años y actualmente propiedad de un grupo económico transnacional italiano. El principal objetivo supuestamente deseado era dejar a la eficiencia privada la provisión de este servicio esencial -a cambio de condiciones excepcionalmente ventajosas para el adquirente-, aunque el propio ministro de Energía, Andrés Rebolledo, admitió el fin de semana la necesidad de reformar la actual ley de distribución, que data los años ’80. Es decir, proviene también de la dictadura privatizadora.

CGE (Compañía General de Electricidad) es propiedad de un consorcio transnacional español.

La “clase” política suele permanecer callada antes estos escándalos. Fuera de sufrir los propios –otros dos senadores serán formalizados en el caso por presunto financiamiento ilegal de campañas electorales-, está consciente de que la concesión monopólica de los servicios básicos a privados, ojalá transnacionales, sigue siendo uno de los pilares de la institucionalidad vigente. Incluso el ex Presidente y actual candidato a un nuevo mandato, Sebastián Piñera, ha propuesto levantar un museo nacional al período de la postdictadura, una autorreferente idea que ha contagiado a sus históricos socios de la ex Concertación…

Julio Frank Salgado

Autor

Julio Frank Salgado

Periodista y bloguero chileno

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído