Voz del sur

Julio Frank Salgado

Cumpleaños sin alegría, pero con luz de esperanza

Se cumplen 30 años de consensos políticos “en la medida de lo posible”, aunque se espera otros, ganados por la protesta popular, que atestigüen una nueva y verdadera democracia.

Cumpleaños sin alegría, pero con luz de esperanza
Partidarias del "Apruebo" a una nueva Constitución para el plebiscito del 26 de abril. Marcha por el Día Internacional de la Mujer, Santiago de Chile, 8-3-2020. J.F.S.

En un día como hoy, hace 30 años, Patricio Aylwin, la Concertación de Partidos por la Democracia y su arcoiris asumían el gobierno de la República de Chile después de 16 años y medio de dictadura. Iniciaban así lo que sería llamado, en el país y el extranjero, un período de reformas democráticas, progreso económico y estabilidad social.

Pronto, sin embargo, un “ejercicio de enlace” y un “boinazo” advirtieron a los civiles de los ’90 que no sería fácil borrar el legado militarista. Los nuevos gobernantes, aunque duros opositores a los dictados de Pinochet, acusaron recibo de la advertencia y no se rebelaron contra ella sino que, en una decisión fundamental para la historia reciente -y la carrera política de cada uno-, cedieron ante los titulares de la herencia autoritaria y se asociaron con ellos en una acotada “política de los acuerdos”.

A través de eficientes operadores políticos, previnieron posibles brotes de protesta popular contra las nuevas autoridades y desmovilizaron las organizaciones sociales más activas en materia política.

Mediante medidas discriminatorias de la solidaridad internacional, acallaron la prensa escrita que había horadado la dictadura y que se mostraba potencialmente crítica de la entrante administración civil.

Consolidaron la economía neoliberal implantada por la dictadura, partiendo por la concesión plena de la mayor parte de la gran minería del cobre –el llamado “sueldo de Chile”- y continuando con la privatización de otros recursos naturales básicos, particularmente el agua, favoreciendo directamente a grandes consorcios empresariales extranjeros.

Siete familias privilegiadas, a su vez, consolidaron su dominio sobre las riquezas del mar territorial chileno.

Años más tarde, los conductores del país entregaron los clubes sociales de fútbol, especialmente los de mayor arrastre -Colo Colo y Universidad de Chile-, al negocio privado.

Al resto de los gobernados -junto con avances en materia de derechos humanos- se abrió un mercado supuestamente libre y disponible para múltiples y diversas oportunidades de prosperidad económica, aunque sustentadas básicamente en el sobreendeudamiento, el abuso empresarial, el subempleo y el comercio de cualquier nivel, incluyendo el ilegal.

Plebiscito conquistado

Satisfecho por los cambios políticos, económicos y sociales logrados durante el largo ejercicio de la autodenominada “coalición política más exitosa de la historia de Chile” (la Concertación), el Presidente Ricardo Lagos concluyó en 2005 un proceso de reformas constitucionales y declaró que por fin teníamos una Constitución “democrática”. Una mujer, la primera en la historia del país, le sucedió prometiendo un gobierno “ciudadano” y luego educación superior gratuita y una Constitución redactada por el Congreso. El sucesor de ésta, no obstante, cambiaría ese norte por uno netamente individualista y “aspiracional”, y hasta hace sólo algunos meses aseguraba que Chile era un “oasis” entre tanta crisis internacional.

Lo que ocurrió a continuación estaba en los vaticinios de muy pocos: una rebelión popular acompañada de prolongada violencia (incendio de transporte estatal, saqueo al comercio, destrucción de monumentos y mobiliario público, enfrentamientos callejeros con las fuerzas de orden, represión policial repudiada incluso por organismos internacionales) y un gigantesco movimiento social con demandas puntuales y cotidianas, como el fin de los abusos, y otras sorprendentemente de fondo, claras, precisas e institucionales, como la redacción de una Constitución verdaderamente democrática.

En pocas horas, el protagonismo de décadas de una alianza política binominal, ya en caída libre en valoración ciudadana, bajó a la calle. Y en ella está todavía, cinco meses después, gritando, por ejemplo, “Chile despertó”. Sin partidos, líderes, teoría ni experiencia que exhibir, aunque con una luz de esperanza en algo mejor.

El 11 de marzo como aniversario del retorno a la democracia dejó de transmitir alegría o entusiasmo hace mucho tiempo. Esta vez, sin embargo, lo anima la cercanía de la posibilidad de una transición genuina hacia un nuevo futuro, a través de un plebiscito conquistado con sangre, sudor y lágrimas.

J.F.S.

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Autor

Julio Frank Salgado

Periodista y bloguero chileno. Reportero y editor en medios de comunicación escritos, radiales, televisivos y digitales. Activista digital por una Constitución democrática para Chile desde 2007. Autor de "Médicos en la Historia de Chile" (2005) e "Idolos de blanco" (2011). Año XVI en la blogosfera de PD.

Julio Frank Salgado

Periodista y bloguero chileno. Reportero y editor en medios de comunicación escritos, radiales, televisivos y digitales. Activista digital por una Constitución democrática para Chile desde 2007. Autor de "Médicos en la Historia de Chile" (2005) e "Idolos de blanco" (2011). Año XVI en la blogosfera de PD.

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