Voz del sur

Julio Frank Salgado

Solidaridad para todos

Las dudas causadas por la emergencia sanitaria y económica han alcanzado incluso al mentado espíritu solidario de los chilenos. Las primeras pruebas han revelado más división que unidad, en circunstancias que la salida llama a lo inverso: unanimidad ciudadana para cumplir totalmente las medidas de prevención, autoridades gubernamentales que den prioridad a soluciones humanizadas y colectivas, grandes cadenas televisivas con programación que represente a toda la comunidad.

Casi 35 mil millones de pesos -aproximadamente 38 millones de euros- logró reunir la reciente campaña de la Teletón, volviendo a reconfortar a miles de chilenos que contribuyeron a ella, esta vez online debido a la restricción de desplazamiento físico impuesto como prevención de la pandemia de Covid-19. Un par de meses atrás, sin embargo, distinta fue la reacción ante la cotización adicional propuesta por una reforma a las pensiones con fines de reparto: más del 50 por ciento de los encuestados replicó que la totalidad debía ingresar a las cuentas individuales.

Aunque la movilización político-social iniciada en octubre pasado pudo aunar muchas opiniones y actitudes, la solidaridad popular masiva y unánime sigue concentrada en desastres geológicos. Hasta entonces, no era precisamente el espíritu solidario el que reinaba cotidianamente, sino la misma vorágine envolvente de compra y venta, sobreendeudamiento crónico y esfuerzos personales tras la prosperidad individual, característica de las últimas décadas en la sociedad más neoliberalizada de América Latina.

Yo, pudiente

Desde el comienzo de la emergencia sanitaria, las autoridades y los expertos llamaron a la población a cumplir las normas preventivas correspondientes contra un hasta entonces desconocido y letal agente infeccioso, el Coronavirus o Covid-19, como protección no sólo personal, sino también colectiva. No obstante, la drástica restricción del contacto físico y la inconveniencia de salir del hogar debe haber resultado algo insoportable e incluso denigrante para algunos chilenos menos apremiados por la subsistencia diaria, que ignoraron la idea de conjunto recomendable ante este tipo de peligros y se desplazaron indolentemente en zonas urbanas y vacacionales de distintas ciudades, generando una reacción airada y hasta violenta de quienes se sentían gravemente amenazados por dicha decisión.

Similar indiferencia se observó incluso en comunas declaradas en cuarentena, cuyos equipos fiscalizadores resultaron ampliamente excedidos por los infractores, y en otras con tránsito libre, donde se ha producido riesgosas aglomeraciones.

Yo, animador

Don Francisco (Mario Kreutzberger) no se desanimó cuando la violencia callejera obligó a suspender su campaña televisiva Teletón el año pasado y anunció que la cruzada se realizaría a pesar de todo.

No estaba equivocado: aunque tuvo que realizar el programa sin público debido a la cuarentena vigente y con limitaciones de producción -compensadas por una tecnología digital que resultó al final una novedad-, el animador pudo ver superada la meta financiera, no sin antes haber convencido a una audiencia desconcertada por el desastroso panorama económico que le esperaba y por el próximo peak de los contagios del virus, y haberse impuesto a crecientes sectores de la población molestos por una pertinacia que juzgaban inoportuna, socialmente discriminatoria y poco transparente.

Una encuesta previa señaló que el 78 por ciento de los consultados consideraba “no apropiada” la realización del evento y el 87 por ciento, que el Estado debía hacerse cargo.

Yo, Presidente

Donde las dificultades parecen aún mayores es en el más alto nivel. El Presidente Sebastián Piñera, empresario multimillonario, causa un permanente y virulento rechazo en diversos sectores sociales y su comportamiento habitual, impermeable y contradictorio, no le ayuda a contrarrestarlo. Así ocurrió el viernes 3, cuando se bajó del vehículo presidencial en la Plaza Italia en plena cuarentena comunal y se sentó a los pies del monumento del lugar más simbólico del movimiento de protesta social surgido el 18 de octubre –llamado “Plaza de la Dignidad”-, desatando la ira de los adherentes a éste, limitados en este momento a las redes virtuales.

“La Plaza es de todos”, le defendieron sus parciales, agudizando la división entre una ciudadanía que, replegada ahora por fuerza mayor, tendrá que dirimir, cuando el huracán haya amainado, una trascendental disyuntiva político-constitucional en un próximo plebiscito.

Nuevas oportunidades

Con todo, la peor pandemia del siglo constituye una oportunidad única para que, en medio del temor, la angustia y la desesperanza que aquélla disemina, el aludido espíritu solidario chileno se desarrolle sin limitaciones ni favoritismos y se traduzca, en este caso, tanto en el acatamiento total de las normas preventivas para el control de los contagios como en la aplicación de políticas públicas y privadas que ayuden por igual a aminorar el impacto sanitario y económico.

Don Francisco, así como las grandes cadenas televisivas a su disposición y las grandes empresas auspiciadoras de sus iniciativas mediáticas, también tienen nuevas oportunidades para realmente “unir a los chilenos”, como aseguraba uno de sus eslóganes. El animador podría ampliar el pequeño marco de beneficiarios de su llamado, con el fin de favorecer esta vez a extensos sectores de la sociedad. Los mayores canales televisivos, a su vez, podrían reducir su programación excedida en sensacionalismo y farándula para entregar contenidos informativos, culturales y educativos dedicados a las necesidades temporales de televidentes recluidos por la emergencia, entre ellos, tres millones y medio de escolares.

Decenas de profesores, periodistas, académicos, actores y actrices han ofrecido ya su colaboración gratuita para espacios educativos y el Consejo Nacional de Televisión ha puesto a disposición programas infantiles.

Y el Presidente, dotado de poderes extraordinarios concedidos por el estado de catástrofe, podría hacer lo que hasta ahora él y su gobierno no han hecho: ir más allá de su ideología libremercadista para apuntar a un programa de recuperación nacional y equitativo, a una política estatal que exija más al que tiene más y evite hacer recaer el costo en los débiles, para demostrar -aunque fuera sólo por una vez- que antes que la preservación del desigual e implacable modelo económico en vigor son prioritarios la sobrevivencia y el futuro de todas las personas que habitan el país, especialmente aquellas que más lo han sufrido.

Si se le ha elevado a la categoría de valor nacional, la solidaridad, sobre todo ante una adversidad tan destructiva como ésta, debe llegar a todos para permitir la verdadera unidad.

J.F.S.

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Autor

Julio Frank Salgado

Periodista y bloguero chileno. Reportero y editor en medios de comunicación escritos, radiales, televisivos y digitales. Activista digital por una Constitución democrática para Chile desde 2007. Autor de "Médicos en la Historia de Chile" (2005) e "Idolos de blanco" (2011). Año XVI en la blogosfera de PD.

Julio Frank Salgado

Periodista y bloguero chileno. Reportero y editor en medios de comunicación escritos, radiales, televisivos y digitales. Activista digital por una Constitución democrática para Chile desde 2007. Autor de "Médicos en la Historia de Chile" (2005) e "Idolos de blanco" (2011). Año XVI en la blogosfera de PD.

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