Voz del sur

Julio Frank Salgado

Senado chileno legisla sobre los “neuroderechos”

Dos proyectos pioneros a nivel internacional se encuentran en trámite parlamentario: una reforma a la Constitución que establece por primera vez los llamados derechos neuronales y una ley para proteger la información y decisiones de nuestro cerebro ante un “uso abusivo” de las neurotecnologías. Hay también críticas.

La comisión de Desafíos del Futuro del Senado aprobó en general, hace algunos días, el proyecto de reforma constitucional que modifica el artículo 19, número 1° -el más importante, sobre el derecho a la vida-, de la actual Constitución Política del Estado, en vista del avance alcanzado por las neurotecnologías y el desarrollo de la inteligencia artificial. Su objetivo es proteger la integridad y la indemnidad mental de las personas.

El texto, sancionado por unanimidad en este primer trámite, establece que “el desarrollo científico y tecnológico estará al servicio de las personas y se llevará a cabo con respeto a la vida y a la integridad física y psíquica. La ley regulará los requisitos y condiciones para su utilización en las personas, debiendo propender especialmente al resguardo de la actividad cerebral, así como la información proveniente de ella”.

La reforma propuesta coincide con la tramitación de un proyecto de ley presentado en octubre de 2020 por los senadores Guido Girardi (PPD), Carolina Goic (DC), Francisco Chahuán (RN), Juan Antonio Coloma (UDI) y Alfonso De Urresti (PS), que adelanta el debate legislativo acerca de este tema, con el fin de prevenir una posible falta de regulación legal que genere riesgos a las personas. Abarca, además, el desarrollo de la investigación científica y de la neurotecnología en particular, la que ya se ha adentrado en el cerebro humano con el fin de descifrar su funcionamiento.

Denominada “Ley sobre la neuroprotección y que regula el desarrollo de la investigación y el avance de las neurotecnologías”, la iniciativa sometida a discusión actualmente define los llamados “neuroderechos” desde dos ángulos: la privacidad mental, que implica que los datos del cerebro sean tratados con una confidencialidad equiparable a la de los trasplantes de órgano, y el derecho a la identidad, que preserva la individualidad de cada persona.

Cinco nuevos derechos humanos

Citando a los investigadores Rafael Yuste –inspirador de la idea, director del proyecto BRAIN y expositor en el Congreso del Futuro el año pasado- y Sara Goering, el proyecto adhiere a un marco regulatorio que reconozca cinco nuevos derechos humanos:

-Derecho a la privacidad mental (los datos cerebrales de las personas)

-Derecho a la identidad y la autonomía personales

-Derecho al libre albedrío y la autodeterminación

-Derecho al acceso equitativo a la aumentación cognitiva, para evitar la generación de inequidades, y

-Derecho a la protección de sesgos de algoritmos o procesos automatizados de toma de decisiones.

Protección de la integridad individual

En su artículo 1°, el proyecto señalado declara entre sus principales finalidades “proteger la integridad física y psíquica de las personas, a través de la protección de la privacidad de los datos neuronales, del derecho a la autonomía o libertad de decisión individual, y del acceso sin discriminaciones arbitrarias a aquellas neurotecnologías que conlleven aumento de las capacidades psíquicas”.

Enseguida, define las neurotecnologías como “el conjunto de dispositivos, métodos o instrumentos no farmacológicos que permiten una conexión directa o indirecta con el sistema nervioso”. Los neuroderechos, en tanto, serían “nuevos derechos humanos que protegen la privacidad e integridad mental y psiquica, tanto consciente como inconsciente, de las personas del uso abusivo de neurotecnologías”.

Con tal propósito, prohíbe “cualquier intromisión o forma de intervención de conexiones neuronales o intrusión o a nivel cerebral mediante el uso de neurotecnología, interfaz cerebro-computadora o cualquier otro sistema o dispositivo que no tenga el consentimiento libre, expreso e informado de la persona o usuario del dispositivo, inclusive en circunstancias médicas”. Esto, aun cuando, precisa, “la neurotecnología posea la capacidad de intervenir en ausencia de la conciencia misma de la persona”.

Proscribe también cualquier sistema o dispositivo, ya sea de neurotecnología, interfaz cerebro-computadora u otro, “cuya finalidad sea acceder o manipular la actividad neuronal, de forma invasiva o no invasiva, si puede dañar la continuidad psicológica y psíquica de la persona, es decir, su identidad individual, o si disminuye o daña la autonomía de su voluntad o capacidad de toma de decisión en libertad”.

Establece como únicas excepciones admitidas a la alteración de la continuidad síquica o autónoma de una persona la investigación o terapia clínico-médica, en cuyo caso se aplicaría el código sanitario vigente.

Los datos neuronales, continúa el proyecto de ley, constituyen una categoría especial de dato sensible de salud conforme a la ley 19.628, sobre la vida privada de las personas.

“Razones para no legislar”

Pero también hay críticas. En un artículo titulado “¿Neuroderechos? Razones para no legislar”, publicado a fines de 2020 en el portal Ciper Chile, los investigadores Alejandra Zúñiga, Luis Villavicencio y Ricardo Salas, del Centro de Investigaciones de Filosofía del Derecho y Derecho Penal de la Universidad de Valparaíso, detectan en esta iniciativa una “pretensión de constitucionalizar” derechos fundamentales ya asegurados en la actual Constitución, la legislación nacional y los tratados internacionales sobre derechos humanos, como aquellos que garantizan la privacidad, la integridad síquica y la integridad física.

“El proyecto de ley que hoy (diciembre pasado) se discute en la Cámara (Alta) busca proteger persistentes amenazas a los derechos humanos de las personas por el camino equivocado de crear nuevos derechos humanos”, afirman.

Los neuroderechos, por lo tanto, serían, en su entender, “redundantes”.

Entre sus objeciones figuran la definición de estos “nuevos derechos humanos” solamente como resultado de la posibilidad de un uso abusivo de las neurotecnologías, como lesionar la privacidad, la integridad mental y la integridad síquica de las personas. “El enunciado legal establece también una distinción entre la ‘integridad mental’ y la ‘integridad psíquica’, supuestamente apoyada en conclusiones de índole científica, pero que resulta, sin embargo, jurídicamente curiosa”.

Tras un detallado análisis, se apoyan en la letra de una antigua canción popular (“El rey”) para rubricar que “el deseo tan vivo de ser pioneros en una regulación que el propio mensaje del proyecto declara ser escasa en el mundo puede olvidar lo que el cerebro ranchero de José Alfredo Jiménez aconsejaba: que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar”.

Nueva tarea para la Convención que redactará una nueva Constitución y cuyos constituyentes serán elegidos el 15 y 16 de mayo próximo… si la pandemia lo permite.

J.F.S.

Fuentes: senado.cl, ciperchile.cl

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Autor

Julio Frank Salgado

Periodista y bloguero chileno. Reportero y editor en medios de comunicación escritos, radiales, televisivos y digitales. Activista digital por una Constitución democrática para Chile desde 2007. Autor de "Médicos en la Historia de Chile" (2005) e "Idolos de blanco" (2011). Año XVI en la blogosfera de PD.

Julio Frank Salgado

Periodista y bloguero chileno. Reportero y editor en medios de comunicación escritos, radiales, televisivos y digitales. Activista digital por una Constitución democrática para Chile desde 2007. Autor de "Médicos en la Historia de Chile" (2005) e "Idolos de blanco" (2011). Año XVI en la blogosfera de PD.

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