Voz del sur

Julio Frank Salgado

¿Votar y ganar para ceder?

Sección de una encuesta apreciada por la cúpula política chilena coincide con el mensaje pinochetista contrario a una nueva Constitución, que intenta ahora, ante abrumadoras derrotas, trastrocar el sentido de las elecciones.

Usted preferiría convencionales constituyentes que privilegien los acuerdos o sus propias posiciones?” preguntó el Centro de Estudios Públicos (CEP) en su última Encuesta Nacional de Opinión Pública (agosto de 2021). Instados por dicha pregunta, el 61 por ciento de los consultados respondió que preferiría que los convencionales privilegien los acuerdos “aunque tengan que ceder” y sólo el 26 por ciento, que defiendan sus posiciones “aunque eso implique no llegar a acuerdos”.

En otro contexto, la pregunta y sus respuestas quizá hubieran resultado irrefutables, no así cuando la convención constituyente, liderada por una mayoría de independientes y representativa de sectores diversos, medios y populares, tiene en contra el peso comunicacional de la elite político-mediática no obstante estar aprobando las primeras propuestas por más de dos tercios, como ocurrió la semana pasada con cinco reglamentos, en su camino hacia una Constitución que derogue la promulgada por Pinochet.

Este escenario calza perfectamente con aquel mensaje, reproducido insistentemente por esa incontrarrestable vocería, en cuanto a que lo primordial ahora es respetar a las minorías y buscar por todas las vías posibles llegar a acuerdos. Y aunque eso en sí corresponda a una práctica democrática, la actitud y los hechos consumados durante el último medio siglo, dictadura incluida, por el sector que la invoca han tenido una dirección inversa: las minorías fueron marginadas de las decisiones más trascendentes y las mayorías, restringidas mediante cerrojos autoritarios, en tanto las acotadas concesiones no alcanzaron la base de los privilegios obtenidos sin democracia. Y la idea de una asamblea constituyente para una nueva Constitución nunca fue admitida en ese nivel hasta la revuelta social.

Las proyecciones electorales presidenciales, la percepción ciudadana sobre el Presidente y su gobierno y otros datos aportados por el estudio citado no deben haber importando tanto a esos políticos y voceros, comparadas con el hecho que una de sus actuales ideas-fuerza contra el proceso constituyente haya sido refrendada por una encuesta de opinión pública considerada el Oráculo de la “clase” dirigente.

Disminuidos a niveles insospechados en el debate sobre una nueva Constitución, los perdedores intentan ahora trastrocar comunicacionalmente el sentido mayor de cualquier elección popular: elegir a una persona por sus méritos, ideas y/o programa para que ponga todo su empeño en llevarlos adelante. A cambio, pretenden imponer a los ganadores una predisposición al diálogo negociador que implique a éstos ceder en lo que les llevó a un triunfo electoral inédito. Un articulista habló de “sagrado derecho a cambiar de opinión”.

Otros “aciertos”

Hace algunas semanas, un periódico vespertino que entrevistó a la coordinadora de la comisión transitoria de reglamento de la Convención, Amaya Alvez –del pacto de izquierda Apruebo Dignidad- destacó en portada su frase “La gente nos quiere ver trabajar”, en la línea de un mensaje que calificaba a los constituyentes como “flojos” (paradojalmente, la mayoría compuesta por convencionales partidarios de transformaciones de fondo y que busca mayor difusión está librada a la “buena voluntad” de medios opositores a tales ideas y de propiedad fuertemente concentrada).

Mientras, se trata el caso Rojas Vade como el único verdaderamente reprobable y que pondría en entredicho a la institución a la que ha dañado, omitiéndose la paupérrima valoración pública respecto del Parlamento y los partidos, y que muchas denuncias contra políticos por financiamiento ilícito de campañas no han sido aclaradas.

Y se da también suma gravedad a que el órgano constituyente haya aprobado por sí su posibilidad de alterar el quorum de dos tercios, fijado por el acuerdo político-partidista de 2019 y refrendado por una reforma constitucional, negándosele la facultad de readecuar sus procedimientos –y. mucho más, declararse soberana- considerándolo inconstitucional e incluso un supuesto atentado contra el estado de derecho.

La Convención, a todo esto, no ha reaccionado, al menos públicamente. Hace algunos días, la convencional independiente Alondra Carrillo aludió a la necesidad de “enfrentar la campaña de desprestigio”.

Excepción con atraso

Después de todo, la concentración de medios tradicionales ha construido un sistema ad hoc al modelo político imperante, en el que prevalecen una prensa duopólica, una televisión abierta farandulesca y una radiodifusión uniforme, y que ha hecho de la invisibilización y la censura una parte sustancial de su extraña “libertad de expresión”. Una salvedad: la excepcional apertura de la cadena televisiva La Red ha permitido, por ejemplo, que “La batalla de Chile” (1975-1979), premiado documental de Patricio Guzmán sobre la articulación popular y la gestación del golpe de estado, fuera estrenado por la televisión abierta local… aunque hace apenas una semana.

Luego de su estrepitoso fracaso en el plebiscito de 2020, de una presencia constituyente sin posibilidad siquiera de vetar y del derrumbe, una a una, de sus primeras propuestas, la apadrinada derecha chilena sigue creyendo que le basta una determinada estrategia comunicacional para permanecer en carrera y aparecer plenamente democrática. En realidad, no hace más que luchar, más aún ahora, contra la simple voluntad ciudadana expresada mayoritariamente en las calles, primero, después en las urnas y actualmente –lo que más le alarma- en las salas de debate y votación para una Carta Fundamental distinta a la que continúa auspiciando, pese a haber sido redactada ésta en favor de un solo sector político, económico y social.

J.F.S.

Fuente principal: cepchile.cl

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Autor

Julio Frank Salgado

Periodista y bloguero chileno. Reportero y editor en medios de comunicación escritos, radiales, televisivos y digitales. Activista digital por una Constitución democrática para Chile desde 2007. Autor de "Médicos en la Historia de Chile" (2005) e "Idolos de blanco" (2011). Año XVII en la blogosfera de PD.

Julio Frank Salgado

Periodista y bloguero chileno. Reportero y editor en medios de comunicación escritos, radiales, televisivos y digitales. Activista digital independiente por una Constitución democrática para Chile desde 2007. Autor de "Médicos en la Historia de Chile" (2005) e "Idolos de blanco" (2011). Año XVII en la blogosfera de PD.

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