En nuestra tertulia del Aguado, entre una botella recién escanciada y la mirada espesa del Cantábrico, Pepe Pola —sabio de Asturias y de la sidra— lo dejó caer con una media sonrisa: — Esto es tradición, pero la tradición hay que conservarla evolucionando… Porque con las cenizas no se calienta nadie. Y no se puede vivir abrazado a ellas. Lo dijo con esa calma de los que han vivido mucho
«La ciencia sin religión está coja; la religión sin ciencia está ciega». —Albert Einstein Uno no suele empezar un artículo dándole la razón a Einstein, pero esta vez no hay escapatoria. La frase se coló por la rendija del tiempo y acabó —como un eco indeseado— presidiendo el más insólito de los duelos intelectuales: el del Papa León XIV y el físico Valerio Rossi, celebrado en pleno
La frase de Anson condensa en pocas palabras una verdad incómoda: el problema no es solo el delito, sino la estructura que lo tolera. Cuando los controles fallan o se diluyen, cuando la cercanía al poder se vuelve opaca, el riesgo de desvío es constante. Conocí a Cristóbal Montoro hace años, cuando ambos trabajábamos en la sede madrileña del Banco Atlántico. Él dirigía el Departamento de
Nada más pertinente que esta frase del genial físico para abrir la historia de un ingeniero agrónomo —promoción 112— que se atrevió a desafiar los muros vitivinícolas con corcho, ciencia y coraje. No se engañen: los grandes gestos no siempre llegan envueltos en banderas ni se escriben con letra gótica en las crónicas de la patria. A veces, los héroes llevan botas manchadas de tierra,
Hay niños que se esconden cuando oyen un petardo. En Gaza, se esconden cuando escuchan un dron. No corren por el placer de correr, sino por miedo a morir. Un niño en Gaza no distingue entre jugar a disparar y ver cómo le disparan a su hermana. Hay lugares donde los niños juegan a ser astronautas, médicos o futbolistas. En Gaza, los niños aprenden a no jugar. Aprenden a esconderse. A no llorar
"Morir no es nada; no vivir con dignidad es lo que es terrible." (Victor Hugo) A David Lafoz lo mataron. No con una pistola ni con veneno. Lo mataron como se mata a los valientes incómodos en este país de cobardes bien subvencionados: a multas, a inspecciones, a desprestigios, a portazos, a soledades. Entre las tierras duras y nobles de Aragón se ha apagado un muchacho que, con sólo 27 años, ya