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Qué harías si supieras que te ven desnudo al entrar al aeropuerto

Seguriudad e intimnidad

La broma de cámara oculta tiene gracia. El telón de fondo es bastante más serio.

Los escáneres corporales llevan más de una década instalándose en aeropuertos de todo el mundo con el argumento de la seguridad antiterrorista, y el debate sobre hasta dónde llega su capacidad de intrusión en la intimidad de los pasajeros nunca se ha cerrado del todo. Porque lo que esas máquinas ven, dependiendo del modelo y la tecnología que usen, va desde una silueta genérica hasta una imagen que deja poco o nada a la imaginación.

Los dos tipos principales de tecnología

Los escáneres corporales que se usan en los aeropuertos y en otros puntos de control de seguridad funcionan con dos tecnologías principales que producen imágenes radicalmente diferentes.

Los escáneres de rayos X de retrodispersión (backscatter) fueron los primeros en generalizarse, especialmente en Estados Unidos tras el atentado fallido del llamado «terrorista de los calzoncillos» en 2009. Su imagen es la más explícita: producen una representación casi fotográfica del cuerpo desnudo del pasajero, con suficiente detalle como para distinguir implantes, prótesis, catéteres y cualquier objeto oculto bajo la ropa con una nitidez que los operadores de seguridad describían internamente como equivalente a ver a la persona desnuda. El portal Gizmodo filtró en su momento cientos de imágenes obtenidas por un escáner de este tipo instalado en el Tribunal Federal de Florida, que habían sido almacenadas en la memoria del dispositivo a pesar de que las autoridades aseguraban que las imágenes no se guardaban. La controversia fue suficientemente grave como para que la TSA americana retirara todos los escáneres de retrodispersión de sus aeropuertos en 2013 bajo presión del Congreso.

Los escáneres de ondas milimétricas son los que se usan actualmente en la mayoría de los aeropuertos occidentales, incluidos los españoles. Producen una imagen menos detallada: una silueta genérica, como un muñeco de palo tridimensional, sobre la que el sistema señala automáticamente las zonas donde detecta anomalías. El operador de seguridad no ve al pasajero desnudo sino una representación abstracta con las alertas marcadas. En los modelos más modernos, el operador ni siquiera ve esa silueta: solo recibe una luz verde si no hay incidencia o una señal que indica la zona del cuerpo donde hay algo que revisar manualmente.

Lo que realmente ven los operadores

La respuesta honesta es que depende del aeropuerto, del país y del modelo de escáner instalado.

En los aeropuertos europeos y americanos con equipos actualizados, el operador que supervisa el escáner ve en su pantalla una figura genérica sin rasgos personales identificables, sin diferenciación de género y sin detalle anatómico. El sistema de inteligencia artificial integrado en la máquina analiza la imagen real y la convierte en esa representación abstracta antes de mostrársela al operador. Si el sistema detecta algo anómalo, marca la zona en la silueta y el pasajero es dirigido a un cacheo manual.

Sin embargo, en aeropuertos con equipos más antiguos o en países con menor regulación sobre el uso de estos sistemas, la imagen que llega al operador puede ser considerablemente más detallada. Los modelos de retrodispersión que siguen en uso en algunas partes del mundo producen imágenes en escala de grises que muestran el cuerpo con un nivel de detalle que en Estados Unidos fue suficiente para generar demandas judiciales y una retirada masiva de los equipos.

El escándalo que cambió las reglas

La filtración de Gizmodo sobre las imágenes del tribunal de Florida demostró algo que las autoridades de seguridad habían negado sistemáticamente: las máquinas sí guardaban las imágenes, al menos en algunos modelos y configuraciones. El argumento de que los escáneres no almacenaban datos resultó ser falso en ese caso concreto, lo que reabrió el debate sobre qué ocurre realmente con las miles de imágenes que se generan cada día en los puntos de control de todo el mundo.

La TSA americana respondió acelerando la retirada de los escáneres de retrodispersión y estableciendo que los nuevos equipos debían usar software que generara representaciones genéricas en lugar de imágenes reales. Europa ya había tomado ese camino antes, con la Comisión Europea prohibiendo en 2011 los escáneres de retrodispersión en los aeropuertos comunitarios precisamente por considerar que la calidad de sus imágenes era incompatible con el derecho a la intimidad.

Lo que pasa con tus datos

La pregunta que más incomoda a los pasajeros no es solo qué ve el operador en ese momento sino qué pasa con la información después. Las autoridades de seguridad de la mayoría de los países aseguran que las imágenes no se almacenan, que el proceso es en tiempo real y que no quedan registros. Pero la filtración de Florida demostró que esa garantía no siempre se cumple en la práctica, y que la diferencia entre un sistema que no puede guardar imágenes y uno que puede hacerlo pero tiene esa función desactivada es mucho menos tranquilizadora de lo que parece.

Los viajeros frecuentes que pasan decenas de veces al año por los controles de seguridad no tienen forma de verificar independientemente qué tecnología usa exactamente el escáner por el que pasan, si las imágenes que genera son las representaciones genéricas o algo más detallado, ni si el equipo cumple efectivamente las normas de no almacenamiento que la ley exige.

La broma de cámara oculta del vídeo funciona porque activa la incomodidad real que la mayoría de los pasajeros siente ante estos escáneres pero prefiere no pensar demasiado. La gracia está en la exageración. La incomodidad de fondo es completamente legítima.

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