Efectivamente, Abascal ha permitido todo lo que el votante de VOX, traicionado, puteado y perplejo viene denunciando. Eso y mucho más. Ha permitido que, con sus votos, el PP (y C’s) alcancen el poder que no le han dado las urnas. Repitiendo la vergüenza de Andalucía, tras las elecciones del 26-M, VOX ha entregado incondicionalmente la mayoría absoluta al bipartito PP-C’s en todos los ayuntamientos y autonomías (Murcia, Madrid) donde sus votos eran decisivos, pasando indignamente a la oposición.
Y digo indignamente porque el regalo de los votos de VOX ha resultado carísimo, por mucho que Espinosa de los Monteros se jacte, estúpidamente, de que el apoyo de VOX ha sido gratuito; que no quieren «ningún cargo ni poltrona municipal» en ningún ayuntamiento de España. Y que haya prometido, en vano -ahí están los últimos ‘pactos’ en Murcia y la Comunidad de Madrid para probarlo-, el ejercicio de una «férrea oposición», rotundamente desmentida por su estrepitosa incapacidad para imponer ni uno solo de los ‘irrenunciables’ postulados políticos de VOX a sus ‘socios’ de gobierno. Parole, parole, parole, que cantaba mi admirada Mina.
Por eso, contra lo que pudiera pensarse, el entreguismo de VOX, el regalo de gobiernos autonómicos y municipales al PP y C’s (el último, la Comunidad de Madrid a Isabel Díaz Ayuso, candidata del PP) no ha sido gratuito. Ha resultado objetivamente carísimo para el partido y su fiel electorado -casi tres millones de votantes ninguneados, traicionados, puteados y perplejos- En primer lugar, porque el voto de VOX -utilísimo para el votante de la derecha sociológica, pero ‘inutilizado’ por unos dirigentes incapaces, vocingleros, cobardes y traidores-, se ha transformado en un voto inútil; manso, cobarde y políticamente correcto (¡quién te ha visto y quién te ve!) que pone de manifiesto que VOX es un partido perfectamente prescindible, y como tal, condenado a su desaparición más pronto que tarde. Y en segundo lugar, y mucho más importante: porque el voto de VOX, ‘inutilizado’ por sus pésimos dirigentes, ha servido para todo lo contrario de lo que querían sus votantes. Un voto perverso. De la mano de PP y C’s, este voto hará posible perpetuar, allí dónde podrían haberse evitado -o modificado-, leyes tan nefastas como las LGTBI, adoctrinamiento infantil, violencia de género, inmigración ilegal, aborto…; líneas rojas que alumbraron el nacimiento de VOX y que hoy han sucumbido sin combate. Silenciosamente.
Claro que el votante de VOX tiene infinitos motivos para sentirse perplejo y puteado por los dirigentes de su partido. Nunca en su vida había establecido lazos tan sentidos y profundos con un partido político. Ideológicos y emocionales. De ahí su enorme decepción, su profundísimo cabreo y su humillación al ver recompensada su lealtad, su compromiso, su trabajo y militancia con el olvido, el engaño y la traición de sus dirigentes: aquellos en quienes había confiado plenamente en un momento que él creía decisivo para el futuro de España.
Pero, a pesar de su lealtad, el votante de VOX que yo conozco no es un hooligan político. No es un fulano servil al líder carismático de turno, esclavo de unas siglas, sean las que sean, profundamente acrítico, incapaz de analizar los hechos y tomar racionalmente decisiones por encima de consignas partidistas, aunque sean equivocadas o contrarias al bien común. Por eso, este aguerrido votante de VOX, un tipo decente, expuso sus quejas al Comité Ejecutivo de su partido y se dio de baja. Nunca más volverá a votar a VOX. Y muy probablemente a ningún otro partido. Mala cosa, me decía, cuando hay que explicar lo obvio. Además, ya sabes que el esfuerzo inútil conduce a la melancolía, concluyó dirigiéndome una leve sonrisa.
No se por qué, la crónica de esta nueva traición al pueblo español -otra más- me ha recordado la frase de Benjamin J. Franklin: «La democracia son dos lobos y una oveja votando sobre qué hay para cenar. La libertad, un cordero bien armado impugnando la votación»
Post Scriptum
En la redacción de estos artículos en los que analizo la reciente trayectoria de VOX he cometido un olvido importante. No he mencionado al calificadísimo y valiente juez Francisco Serrano Castro -junto a Ortega Lara, referente moral de VOX y sus votantes-, diputado y presidente del partido en el Parlamento de Andalucía.
Por olvido, no referí la injusta y arbitraria desautorización pública del juez Serrano por un tal Alejandro Hernández -todavía portavoz de VOX en el Parlamento andaluz-, y posteriormente ratificada por el propio Santiago Abascal, a propósito de unas declaraciones de Serrano sobre la sentencia del Supremo que condenó a los miembros de La Manada. En un próximo artículo comentaré con más detalle este lamentable suceso.
Home