(«Lo de Antonio con Antonio / nunca será un matrimonio;
y lo de Rosa con Rosa / tiene que ser otra cosa«. Ripioteca propia) .
El «pópulo bárbaro» resístese a llamar matrimonio a las parejas que no son heterosexuales. Si mi señoría recurre a la RAE, ella va y dice que, en efecto, ve inadecuada la utilización de esa palabra para designar uniones gay. Uno, con sus hurís de profeta (porque otra cosa tampoco, pero hurís, lo que se dice hurís…) previó lo que iba a acontecer, y se ha lanzado, a su debido tiempo, a ofrecer a la sociedad unos vocablos que, si no son perfectos, se aproximan asintóticamente a la perfección. Y así, mi señoría se ha adelantado y brindado le ha a ese enorme colectivo de habla hipana dos hermosas palabras, dos, las de androgamia y ginegamia, según se tratase de la coyunda o ayuntamiento de tío con tío o de tía con tía respectivamente (cfr. «Androgamia y ginegamia»). No quise, sin embargo, fijar de antemano los derechos de autor que pensaba cobrarle a quienes, enamorados de mi lucidez filologicosemántica, optaran por autocalificar sus respectivas uniones con esas dos elegantes y áticas denominaciones que, a mi juicio, traídas parecen de endecasilábicos edenes do el vicio y la crápula erradicado se han… Empero cuando estaba mi señoría a punto de saltar de júbilo, uno de mis corresponsales, previa metamorfosis, erigióse en crítico e increpome a este tenor: ”…bien es cierto que formalmente has acertado con los componentes adecuados (andros, varón; gamia, unión), pero materialmente incurres en un contrasentido, al considerar varones a personas que no tienen de ello más que la apariencia… Vamos, digo yo”, añadía el puñetero, como con cierto rintintín, burla o escarnio. Y además, lejos de pararse ahí, arremetió asimismo contra la otra denominación, con las expresiones siguientes: “En cuanto a la ginegamia, no voy a manifestarme. Solamente decirte que es una palabra con poco futuro, porque es demasiado técnica y la gente prefiere términos más castizos para estas denominaciones”. Joder, con que no iba a manifestarse…¿Qué quería, haber venido con Bono, su hijo, el fotógrafo y sus guardaespaldas…? Tiene hormonas el tema…
Mas no importa. Lo cierto es que las dos interpelaciones citadas servido le han a mi señoría para que se someta a un riguroso proceso de autocrítica, y en él ando. Y cuando depure mi invento, cosa que acontecerá, porque tengo dicho, en muchas ocasiones, que cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba y el tonto sigue…; pues cuando eso acontezca, ya, muy en serio, recurriré a alguna Entidad, Oficina o Dependencia de Patentes y Marcas de ámbito estatal, paraestatal, autonómica, para-autonómica, municipal, paramunicipal, aldeanal, para-aldeanal, o … lo que sea, y direle: “Estos dos inventos he / y para que no me los furten,/ ¿cómo habré de proceder?”. (Así, como el que no quiere la cosa, pero… queriéndola, claro). Y que ellos respondan. Mi señoría cree que es lo políticamente «correto» (sin c, claro). ¿O no?.
4-02-2008.
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