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Me cisco en…

Rufino Soriano Tena 22 Jul 2008 - 10:55 CET
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(“Mas si sabes insultar / como el tipo de esta historia / no se van a cabrear; / te aplaudirán con euforia”. Ripioteca propia).

Mi señoría ya ha escrito, quizá en más de una ocasión, lo que dizque le ocurrió a un catedrático de la ilustre Universidad de Sevilla, cuya ha este grafómano uno de sus dos títulos. (Nobiliarios todavía no, pero nunca es tarde si la dicha llega).

La anécdota, según la contaban, presentaba a un catedrático que padecía no ya de una ligera hipoacusia o de estar un poco teniente, es decir, algo sordo o tardo en el sentido del oído -como quiere la cuarta acepción del DRAE-, sino sordo de verdad, sordo como una tapia que es el sintagma que coloquialmente más se utiliza para estos casos. Y en una ocasión, mientras el tal cátedro estaba dando su clase y escribiendo en la pizarra como un loco, golpeó estrepitosamente la puerta de acceso a la tarima del docente el que resultó ser el bedel del aula, el cual, al no obtener respuesta a su demanda de acceso y conocedor, sin duda, de la sordera del susodicho profesor, entró con cuatro o cinco libros, los dejó sobre la mesa y se fue por donde había venido, sin que don X advirtiera su acción, puesto que el enseñante, ausente de lo que acontecía a su alrededor, seguía escribiendo en la pizarra, como un poseso, los «saberes» que pretendía trasmitirle a sus alumnos en esa clase. Terminada la tarea, volvió a su sillón y cuando iba a continuar su explicación, ya oral, se dio cuenta de los libros que dejara el bedel sobre la mesa y, extrañado, dijo:

Pero ¿y estos libros?

La carcajada de los numerosos alumnos que había en el aula fue de lo más estrepitosa. Tanto, que estas enormes risotadas y el consiguiente barullo que provocaron sus palabras sí que rebasaron el límite de decibelios que no percibía el docente, oyó el jaleo y muy alterado, como gato al que se pisa el rabo, se encaró con los alumnos y, sensiblemente airado, les espetö:

Se ríen ustedes de un defecto fisiológico que padezco y que me impide percibir con suficiente nitidez los sonidos que se producen a mi alrededor, pero han de saber que se me van a aplicar los más modernos adelantos de la ciencia otorrinolaringológica, los más recientes, y en muy corto plazo de tiempo voy a poder oír germinar la grama.

Ante esta perorata, los estudiantes prorrumpieron en un estruendoso aplauso que duró varios minutos y que don X aguantó impertérrito hasta que aquella multitud cesó de hacer palmas. Y fue entonces cuando el catedrático, infundiéndole cierto énfasis y solemnidad a su perorata , les endilgó ésta:

Si vuestro aplauso es un premio merecido a mis palabras, os lo agradezco de muy buen grado. Pero si es bufa, mofa, befa o más vulgarmente cachondeo, yo relaciono la más alta rama de vuestro árbol genealógico con la más ínfima de mis funciones digestivas.

Dicho lo cual, el auditorio prorrumpió en otro aplauso más prolongado aún que el primero. A juicio de mi señoría fue merecidísimo. ¿O no?

22-07-2008.

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

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