Sí, porque lo del género…Cuenta don Fernando Lázaro Carreter (cfr. “El nuevo dardo en la palabra”, Editorial AGUILAR, 4ª edic., pág.196) que los nombres, en inglés, carecen de género gramatical, pero en nuestra lengua “cuentan con género (masculino o femenino) sólo las palabras; las personas tienen sexo (varón o hembra)”. Y unas líneas más abajo, “el término (género) se ha esparcido como un infundio. Lo señalé hace meses (continúa), pero por ahí tenemos galopando tan aberrante anglicismo; y, quienes tan justa y briosamente combaten la violencia contra el sexo, ejerciéndola cada vez más contra el idioma”.
Y bien: lo anterior lo he contado por distraer al personal que estará siendo víctima aún de ese síntoma “post” o “after-vacacional”, pero hoy lo importante de mi parleta es preguntarle a la Administración del Estado cuántas -número de señoras y señores, por separado- víctimas de violencia de sexo ha habido desde que se creó el ministerio de Igualdad, y su comparación con las del correspondiente periodo de tiempo del año o años anteriores. Mi señoría desconoce tales cifras y por eso las pregunta. Y la Administración y aun el propio ministerio citado debe darlas sin miedo, porque aunque mi señoría no tenga al Gobierno actual en el pabellón de sus héroes, si hay que reconocer que se progresa adecuadamente, como al parecer ocurre en la solución de los problemas de tráfico, a este escribidor no le dolerán prendas en decirlo “urbi et orbi”.
De cualquier forma, y para que los lectores conozcan las impresiones que mi señoría ha ido teniendo desde que nuestro ilustre y nunca suficientemente ponderado Presidente del Eje… (¡perdón…!), del Ejecutivo, señor Rodríguez, asómense a mis distintas y magníficas cuatro cuchufletas, cuatro: una de ellas “El flamante ministerio de´Es lo mismo´”; otra “Para que los miembros no agredan a las ´miembras´”, ,otra; y, por fin, “El ministerio de Igualdad no es de “igual-da”.
Y si la ministra ha hecho algo bien, tendrá las loas de quien suscribe este rollo, y si no, los reproches, a pesar de que, como dice Tomás de Kempis, “ni eres mejor porque te alaben, ni peor porque te vituperen; lo que eres eres”. ¿O no?
27-08-2008.
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