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Del precio de un asiento, sin derecho a bandera.

Rufino Soriano Tena 16 Nov 2008 - 21:30 CET
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“Yo te daré, te daré, niña hermosa, te daré una cosa, una cosa que yo solo sé: CAFÉ”. Así decía una coplilla que, en la década de los treinta del siglo pasado, cantaban los falangistas (¡lagarto!, ¡lagarto!). ¡Qué malos ellos! Porque eso del CAFÉ no era o se refería a esa bebida que se hace, por infusión, con una semilla que curiosamente denomínase como la propia infusión. Y CAFÉ quería decir “Camaradas, Arriba Falange Española”.

Bueno, eso a guisa de introducción. Hodierna, la copla sería distinta y entonaríamosla los progres, que no los retros, diciendo:: “Sarkosy de mis entrañas, / mi señoría te da lo que quieras/ por la sarkosilla prestada / para acudir a la cumbre / y que así España alumbre,/ sin un “¡Gracias!” ni un “¡De nada!”, / que con sueldos elevados,/ en la empresa en general, / a la crisis se ha llegado / y esto va a acabar muy mal. / Muy distinto es el salario / que, de público dinero, /se le dé a los dignatarios / que sirven a Zapatero./ Y otra vez, francés querido, / préstanos un lugar más / para que nuestra bandera / pueda también ondear”.

¿Que estos ripios son muy malos? Mi señoría lo sabe, pero siendo de regalo… ¿O no?.

16-11-2008.

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

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