Ante el habitual “efecto persiana” de que mi señoría ilustrísima es víctima propiciatoria, resulta que ni antier, ni ayer, tras predicar en los títulos de sendas chirigotas (“Medidas a tomar contra la crisis” y “Una pauta contra la crisis, pero ¿cuándo?”) que iba desvelar cómo hay que proceder para superar ese cambio brusco de la situación financiera y económica de España: resulta que mi señoría ilustrísima -sí, lo de ilustrísima es porque me he ascendido, por antigüedad, claro- no dijo ni pío. Apenas insinuó, como vuesarcedes habrán visto al “pinchar” en la primera de esas dos cuchufletas, que si le contrataba el Gobierno de España como asesor… Y en la segunda, ni eso, porque con la excusa de que la eventual “legencia” ya se había tragado su dosis cataléptica y estaban a punto (los lectores) de inmovilizarse y quedarse “quietos paraos” hasta sabe Dios cuándo… Sí, es igual que les ocurre a los ciudadanos ante esos políticos, que, en actitud «dominusvobisqueante», es decir, levantando los brazos, manos abiertas y como si fuesen a abrazar al aire…¿Vuesarcedes han oído misa alguna vez? Pues talmente en la posición en que los sacerdotes se vuelven a los fieles y le dicen: “Dominus vobiscum”, eso es «dominusvobisquear«. Por cierto, que se trata de un verbo que ha inventado, como tantas otras palabras, mi señoría ilustrísima. Lo digo para conocimiento, de una parte de la RAE y de otra, de la SGAE, por si Teddy Bautista tuviese a bien abonarme un “algo” por derechos de autor.
Dicho lo cual, de hoy no pasa que, en pocas líneas, o sea, en un pis pas, que le espete al Gobierno de España lo que, a juicio de este politólogo de fama universal, hay fundamentalmente que hacer para atenuar la crisis financiero-económica que nos aqueja a todos los españoles, excepto a los políticos. Y es: pasar de tres millones de funcionarios a los seiscientos mil que había en la época preautonómica; revisar a la baja los sueldos y toda la variada gama de chollos, prebendas, sinecuras, mamandurrias, etc., etc., de todos los políticos habidos y por haber; no subvencionar a los partidos políticos ni a los sindicatos; no pagarle ni un puto euro a amiguetes de quienes están en el poder por realizar, o por no realizarlas, tareas inútiles; que los hombres públicos coman y cenen siempre en sus propios hogares y no en Restaurantes de cuantos más tenedores, mejor, a costa de los imbéciles de los contribuyentes como mi señoría ilustrísima; hacer unos Presupuestos Generales del Estado que estén al día (tirar a la papelera los que hay hechos y aprobados. Hay que echarle rostro al asunto, ¿eh?) y no rebasar ni un céntimo los capítulos de gasto sin la aprobación previa del suplemento de crédito correspondiente o de la eventual trasferencia de fondos de unos a otros capítulos.
Eso es lo que se le ocurre a un profano a bota-pronto. Y hay más medidas para que la crisis no dure todo lo que va a durar si el Gobierno y aun la oposición se dedican al “dolce far niente”, “uséase«, a no dar puto golpe en este sentido. ¿O no?
4-01-2009.
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