(o “¿Tampoco estaría mal aunque fuese inconstitucional”).
Pensaba mi señoría retrasar sus comentarios acerca de la LEC hasta que el Tribunal Constitucional diera su veredicto a propósito de la constitucionalidad o no constitucionalidad del Estatut, pero considerando que el Tribunal en cuestión puede tardar otros tres o cuatro años en decidir si sí, si no, si «cualquiera sabe», y teniendo en cuenta además que esto empieza a ser una demanda social real, no inventada, como lo de que haya gente que está demandando una Ley del Aborto; teniendo en cuenta tal demanda y el elocuente silencio por el que, según los medios, ha optado el señor Ministro de Educación… Bueno, hay que aclarar que la noticia del silencio ha durado unos días, en los que la prensa se ha limitado a decir que el señor Gabilondo no se manifestaba al respecto, aunque le recordaban que al hacerse cargo de la cartera ministerial prometió que iba a “garantizar lo que dice la Constitución” que, como es sabido, proclama que “el castellano es la lengua oficial del Estado” y que “todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla”. Pero el señor Montilla, aprovechando que el Guadalquivir pasa por Sevilla y el Támesis por Oxford, ambos inclusive, ha ido y ha dicho: “Ahora hago una Ley de Educación para Cataluña”… y, ¡qué coño!, la ha hecho. Y nada de tres horas semanales de clase: dos, y se acabó. Y además, el catalán va a ser la lengua vehicular, para que se vayan enterando los padres, las madres y aun las tías de los escolares, por si acaso.
Luego, pasados unos días ya ha comparecido el ministro de “la cosa”, y ha manifestado su satisfacción con la nueva Ley. Le ha confesado a “El Mundo” que la norma, a él, le parece “ muy buena desde el punto de vista educativo”. Y apoya, según la prensa, que los padres no puedan educar a sus hijos en castellano (?). Tanto que en la entrevista recogida por servimedia, el titular de la cartera de “la cosa” afirmó que la ley es «muy interesante por lo que aporta a la autonomía de los centros, por lo que significa para los profesores, por el papel de las familias en la educación, y por el liderazgo que pide a cada centro”.
Y después de todo esto, mi señoría, que iba a esperar la sentencia o el fallo (bueno, de fallos, nada; “algo” de retraso por exceso de trabajo, se supone. Todo el mundo confía en que en los 4 ó 5 años próximos se conocerá el resultado) del T. C. (cfr.”La LEC. ¿Y qué coño es la LEC?”) , ya cambia de opinión, no espera el tal veredicto y la Ley –contra lo que “ha dicho” el ministro de «la cosa»– le parece fatal, como le ocurrirá a vuesarcedes. ¿O no?
6-07-2009.
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