(o “La unión o coyunda de ella con ella o de él con él”).
La cosa está que arde. Claro, tanto hablar del cambio climático, del calentamiento de la atmósfera, de los agujeros en la capa de ozono, del exceso de producción de CO2; del “rating” (¿qué coño será eso?; del eslogan de los sindicalistas de “que no se aprovechen de la crisis, el trabajador es lo primero»(no lo dirán por ellos, ¿no?) ; de cómo va en vanguardia la Real Academia Gallega que, a petición oficial del colectivo “gay Colegas” y para que refleje las uniones legales entre las personas del mismo sexo, la citada Academia ya ha definido el matrimonio como “todo tipo de uniones legales entre dos personas indistintamente del género de las contrayentes”, cosa por cierto de la que no se ha atrevido ni a hablar siquiera la flamante Gramática de la Real Academia Española. (Mi señoría, advierto, se permite disentir de la Academia Gallega, con perdón).
Acerca de este asunto de la lengua, de los idiomas oficiales, de los co-oficiales, de la lengua vehicular, de las “dialectas” y de los dialectos, ambos inclusive y si a mano viene, etc. (esto es un latiguillo, no se asusten), mi señoría quiere recordarle a vuesarcedes algo que tal vez ya les haya contado en alguna otra ocasión, pero que como viene a cuento, ahí va. Y es que una vez, un coleguilla que, como uno, había empleado una buena parte de su vida en enseñar matemáticas al ´populo bárbaro´, al explicar en clase a sus alumnos el tema de las potencias de los números y teniendo que utilizar la gallega que, a la sazón, era la lengua vehicular, al verse en la necesidad de hablarles de la tercera potencia, es decir, cuando les tuvo que explicar lo que en castellano llamamos “elevar al cubo” a un número o expresión determinada, no se le ocurrió otra expresión que la de “elevar a o caldeiro”. Lógico. Tres elevado a “o caldeiro”: 27.
En cuanto al tema de cómo se debe denominar la unión de dos personas del mismo sexo o género, como dicen ahora, uno ya ha propuesto, hace años, vocablos de culta raigambre para denominar (a la tal reunión) sin que haya menoscabo alguno de la palabra matrimonio ni por el mundo gay ni por el heterosexual. Asómense, previo “pinchazo de ratón”, a “De qué nombre dar a las uniones de homosexuales”. Mi señoría, tras impetrar disculpas de vuesarcedes por la autocita, sabe -por algo uno es un genio– que su propuesta les va a encantar. ¿O no?
12-12-2009.
Home