(o “Todo el mundo es partidario, / porque es asunto palmario, / que hay que subir los salarios / de los probos funcionarios”).
Mostrábase mi señoría, en su chirigota de antier (cfr. “Por ahora, esto no hay quien lo arregle”), pelín desconfiado, porque a mi juicio eso de arrimar todos el hombro no sé si va a dar buenos resultados. Si unos dicen que aquí lo que hay que hacer es subir los impuestos a los contribuyentes, y los otros, que bajarlos; unos, que mantener los gastos, y los otros, que reducirlos a lo bestia; unos que no hay que rebajar la indemnización de los despidos de los trabajadores, y los otros, que es imprescindible hacer una serie de reformas en la contratación laboral, entre las cuales, aunque no sea lo más importante, seguramente sería necesario retocar algo las citadas indemnizaciones; unos, que hay que permitir el aborto siendo contrarios, como todos, a la pena de muerte, y otros, que el aborto ya es una pena de muerte, un asesinato de un ser indefenso que realiza una madre contra su propio hijo, es decir, un parricidio; unos que… blanco, y otros, que negro.
Según todos los indicios, estamos en la primera fase del chiste aquel que, adaptado a las circunstancias del caso, comenzaría con un “así no se puede, José Luis, llegar a un acuerdo” e iría perdiendo palabras, de forma que en su segunda fase dijera “así no se puede, José Luis”; en la tercera, “así no se puede”; en la siguiente, “así no”. ¿Y cuándo se alcanzaría la posibilidad de que se arreglen las cosas, es decir, el “así”?
Ciertamente, la oposición, arrimando el hombro al Gobierno, es decir, adecuándose a sus principios, lo único que va a conseguir es perder un buen número de sus partidarios; y a la «vicecontra», o sea, si quien se adapta es el Gobierno a la oposición (¡tararí, que te vi!), entonces el perdulario sería el susodicho Ejecutivo. Y en cualquiera de estas dos coyundas o eventuales ayuntamientos, si las cosas salen bien, sería por mor del Gobierno; y si salen mal, como es lo más probable, la culpa será de la oposición. Es decir, que el Gobierno, en una situación como ésta, podría estar buscando a alguien a quien echarle la culpa.
Por si acaso, y según la prensa de hoy, parece que el todavía Presidente del tan citado Gobierno de España, señor Rodríguez, ya ha llegado a un acuerdo (¿cuándo?) con los sindicatos de la función pública (CC. OO., UGT y CSIF) de abonar a los funcionarios, de una sola vez, la pérdida de poder adquisitivo durante los años 2010 y 2011 que se estima en unos 500 € de nada. Y como el número de asalariados del sector público, según datos del INE, es de 3.065.700 estaríamos hablando de 1.537.850 €, o sea, de 255.867.483 (255 millones 867 mil 483) pesetas tan sólo. Y como el déficit público apenas hay que reducirlo, para esa fecha, del 11,4 % al 3 % del PIB, pues suma y sigue… Es decir, que si esto sólo lo arreglamos entre nosotros, nosotros somos los mejores arregladores del mundo mundial, planetario y… así. ¿O no?
8-03-2010.
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