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Tanta higiene en las letrinas denota gente muy fina.

Rufino Soriano Tena 06 Abr 2010 - 20:24 CET
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(o “Para cada salvohonor tapa nueva es lo mejor”).

Ya escribió antier mi señoría https://www.periodistadigital.com/cajondesastre/20100402/solo-nos-ha-costado-689403998003que, aunque uno domine todos los saberes, dado su (o sea, mi) carácter de omnisciente, de momento, en aquella chirigota sólo iba a rememorar un Comentario que le hizo don Pancracio a una de mis cuchufletas antiguas, porque en ella se hablaba también de la higiene imperante en los excusados, letrinas, evacuatorios o más vulgarmente llamados retretes o WC de la Moncloa. Hoy, sin embargo, me propongo reflexionar seriamente, como intelectual, científico y hombre de peso sobre el tema, mas ello desde un único punto de vista también: el económico.

No en vano mi señoría es un honrado contribuyente como algunos de vuesarcedes, aunque me temo que no todos los que debían serlo, ´sonlo´, pues no me extrañaría que haya fraudes de ley, a mogollón, entre los integrantes del colectivo de mis lectores, a quienes tanto quiero y tanto me quieren, pero, ¡coño!, eso de no pagar los impuestos legal y democráticamente establecidos… Porque los mandantes (que no mangantes) triunfaron en las últimas elecciones a través de las urnas, y eso, amigos míos, es algo muy serio, que faculta y da patente de corso a los susodichos mandantes para brearnos a impuestos a los imbéciles de los contribuyentes, entendiendo el adjetivo imbécil en su sentido etimológico, que no es otro que el de ´débil de cuerpo, de espíritu, de carácter´, como ya ha explicado mi señoría en alguna otra ocasión. Y en el mencionado colectivo seguro que hay alguna oveja negra o… diferente, por no pecar con lo de negra de asqueroso xenófobo, que no paga religiosamente sus impuestos (y digo religiosamente a pesar de que nuestra Constitución ´desdeñarame´, y ´haralo´ con razón porque, en efecto, este país es aconfesional, gracias a Dios, con perdón. Y no pagar impuestos, cuando hay que hacerlo, ¡qué feo está! Uno diría que hasta es obsceno, fíjense. Y no nos tienen que doler prendas por decirlo, adviértanlo. ¿De qué iban a vivir nuestros gobernantes, la oposición, los sindicatos y mismamente los agentes de movilidad urbana, sin ir más lejos? Y los funcionarios en general, ora locales, ora provinciales, ora autonómicos, ora centrales, ora pro nobis y así, ¿de qué iban a vivir, eh? ¿Y ´los liberados`? ¿Y los del PER, es decir, los integrantes del plan (P) de empleo (E) rural (R)? ¿Y de dónde iba a salir la ayuda a Haití? ¿Y el préstamo a Grecia, de 2.000 millones, si se produce? ¿Y las múltiples subvenciones que otorga el ministerio de Igualdad, no sólo para la elaboración de un “Mapa de Inervación y Excitación Sexual en Clítoris y Labios Menores; aplicación en Genitoplastia”, que tanto aplaude el personal, porque al fin y al cabo se trata de una unánime demanda social, sino también para promover otros estudios profundos de partes no tan naturales, pudendas o vergonzosas del siempre hermoso «body» femenino?

Mas la preocupación por la necesidad de fondos públicos que tortura en estos instantes a mi señoría va por otros derroteros. ¿Con qué recursos va a hacer frente el Ejecutivo para pagar el alquiler del “equipos automatizados para higiene de tazas WC y urinarios de diversas dependencias”, se sobreentiende que del inmueble en cuestión, es decir, del complejo monclovita? ¿Eh? ¿Con qué recursos? ¿O creen vuesarcedes que surtir “este año de ´tapas´ automáticas para los excusados y dispensadores automáticos de productos bacteriostáticos que pueden incluir fragancias varias con programación digital” no cuesta una pasta gansa? Dice Libertad digital que “acercando la mano a un sensor o mediante un pulsador se dispensa una nueva funda transparente para la ´tapa´, dando la posibilidad a cada usuario de disponer de un asiento nuevo” (sic). No, lo de la `tapa´ no es “una pequeña porción de algún alimento que se sirve como acompañamiento de una bebida”, no; es más bien “una pieza que cierra por la parte superior cajas o recipientes”. Porque han de saber vuesarcedes que hay `tapas´ y `tapas´. Y en el caso éste, trátase de las segundas, es decir, serán ´tapas` para las tazas do posarán sus antifonarios, nalgatorios, posaderas, tafanarios o salvohonores, por no decir culos -que siempre resulta más ordinario-, quienes hagan uso de las dependencias evacuatorias a las que este autor viene refiriéndose, eso sí, con un exquisito lenguaje. Porque ¿a que a vuesarcedes no se les habría ocurrido llamar nunca “salvohonor” a la zona esa donde la espalda pierde su honesto nombre?

Dicho lo cual y no estando en el ánimo de mi señoría proferir por el momento más tonterías, aunque ´de facto` quede mucha tela que cortar al “respetive”, como hay que concluir, concluyo con aquel pareado de Cicerón que preconizaba que “para ganar elecciones, hay que dar más subvenciones”. ¿O no?

6-04-2010.

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

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