(o “Para ganar elecciones hay que dar más subvenciones”).
Bueno, bueno, bueno… Esto sí que es de mear y no echar gota… ¿O sea, que la gente protesta porque en su época el Presidente Aznar presupuestó 153.260 euros al “´apoyo instrumental a la negociación colectiva´ en la función pública –esto es, a las reuniones entre sindicatos, delegados de los empleados públicos y representantes ministeriales–, José Luis Rodríguez Zapatero la ha incrementado durante su mandato hasta 1.281.000 euros. Entonces, en pleno crecimiento de la Economía española; hoy, en la cola de salida de la crisis”.
Así se cuenta en el texto de la noticia en negocios.com. Y se añade “Suponiendo que estas tareas requirieran, por ejemplo, un centenar de reuniones anuales entre las partes (según todas las fuentes consultadas no llegan a ese número “ni de casualidad”), cada una de ellas costaría a los contribuyentes la friolera de 13.000 euros. Pero, vamos a ver: a qué llaman ´friolera´? ¿ A 13.000 euros? Pero, ¡cáspita! por no decir ¡coño!, si eso apenas equivale a 2 millones 163 mil pesetas, así es que una miseria u otro simple chocolate del loro (¡el puto loro…!). Sí, aunque “las citas se celebran en dependencias públicas y no requieren de alquiler alguno”, hay que reconocer que tanto las ´miembras´ sindica-listas como los miembros sindica-listos tendrán que tomar ´tentempiés´, cubatas de buena ginebra o ron, ambos inclusive, algún trago de Möet&Chandón, caviar Beluga y fruslerías de este tipo, y eso cuesta una pasta. Que no van a ingerir meras chucherías gentes de tan alto rango intelectual y político, siendo así además que dicho “´apoyo instrumental a la negociación colectiva´ en la función pública –esto es, las reuniones entre sindicatos , delegados de los empleados públicos y representantes ministeriales- como se puede comprender-“ deben estar dando unos resultados magníficos. Y lo que le extraña a mi señoría es que la ciudadanía en general se muestre contraria a este tipo de ayudas que constituyen una auténtica demanda social y que tanto bien le está haciendo al mundo empresarial, funcionarial, laboral y tal y tal, porque como dice mi señoría, a los sindicatos -si no existieran- habría que inventarlos, no sólo por el bien social y tal y tal, sino porque –además- si se acepta la denominación de “oferentes de empleo” a los parados, que es como quiere llamar el señor Griñán, don José Antonio, todavía Presidente y no se sabe hasta cuándo, de la Junta de Andalucía; es, itero, como quiere llamar a los parados. La prensa de Sevilla, en un artículo firmado por J. M., en ABC, día 12-O, dice textualmente: “Si la realidad no te gusta, no luches para modificarla, cámbiale el nombre”. Y es que el señor Griñan, don José Antonio, todavía Presidente y no se sabe hasta cuándo, de la Junta de Andalucía “quiere transformar a los parados andaluces –que suman más de un millón- en “oferentes de empleo», lo que vincula a una Reforma del Servicio de Empleo (SAE) para que, según añadió –el señor Griñán, claro- sirva para pasar del perfil actual de demandante de empleo al de oferente de empleo”.
Bueno, bueno, bueno… O sea, que según J. M., si al todavía, y no sabemos hasta cuándo, Presidente del Gobierno del Reino de España, señor Rodríguez, no le gusta que la ciudadanía española pida insistentemente su dimisión, no hay por qué luchar para modificar ese deseo; basta con cambiarle el nombre ´a la cosa´ y que piense el susodicho que lo que la turbamulta decía ayer, en el desfile de la Fiesta de la Hispanidad, era: ¡Zapatero, ilusión! Y tan contento…
Vamos, mi señoría se trisca de la risa, ´uséase´, desterníllome, seguramente como vuesarcedes. ¿O no?
13-10-2010.
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