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¿Por qué no hay sanción para los malos Presidentes?

Rufino Soriano Tena 17 Ene 2011 - 12:59 CET
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(o “Los Presidentes no se responsabilizan de nada”).

Hace poco, escribió mi señoría una de sus magistrales chirigotas o cuchufletas, aunque en aquel caso el tema era serio. Cfr. “Cuando un Jefe hace mal las cosas”, con el subtitulo, “Los que perjudiquen a un país, que paguen la pena correspondiente, coño”. Y uno les dice tanto a los que no siguen mis excelentes publicaciones como a los que, aun siguiéndolas, las olvidan en un pispas o santiamén; uno les dice, repito, que ´pinchen´ y “begin the beguine” (volver a empezar). Y es que en esa parleta manifestaba mi señoría una de las cosas que dijo antier, entre otras muchas y muy interesantes, el ex presidente del Gobierno, señor Aznar, en León. “Han destruido una de las mejores, más poderosas y boyantes economías y eso no puede quedar sin una sanción política”, soltó el buen hombre. Y lo curioso es que se manifiesta así apenas un día después de que se haya producido todo este tinglado o barullo de la gente acerca de los sueldos oficiales vitalicios de los ex presidentes de Gobierno del Reino de España, y de que si deben ser compatibles con la percepción de salarios muchísimo más elevados que pueda ofrecerle el sector privado, como de hecho acaba de acontecer con el fichaje del propio don José María Aznar y con el de don Felipe González, que dizque han sido contratados por sendas compañías energéticas, con sueldos de casi 200.000 €/anuales para el primero, y del orden de los 126.500 €, también al año, para el segundo, cuando los dos disfrutan de unas pagas oficiales, legales, de unos 82.000 €, por su calidad de ex presidentes, que son compatibles con las que puedan percibir en empleos pertenecientes al ámbito privado.

La opinión de mi señoría es que los 82.000 del “alón” (si las pesetas eran “del ala”, ´a pari´, los euros serán del “alón”, aunque no del “alons anfants de la Patrie”); mi opinión, digo, es que los 82.000 euros del Estado, es decir, nuestros, dénseles a los “ex” que no tengan empleos cuya suma de remuneraciones en los trabajos de las empresas no estatales sean iguales o menores a la cantidad citada, renunciando a aquéllas (a las percepciones inferiores, del sector privado) y percibiendo sólo las del público, y además, quedando a disposición del Gobierno de turno (sea o no de su partido político) para colaborar con él en la resolución de los problemas que tenga planteados o se le puedan plantear al país.

De esta forma, entre otras cosas se podría prescindir o reducir el número de integrantes de esas recuas -dicho sea en el mejor de los sentidos- inmensas de asesores que se cuenta que tienen algunos Presidentes y, en la mayor parte de las ocasiones, de una eficacia manifiestamente mejorable si por sus frutos se ha de evaluar la calidad de su preparación para realizar las tareas propias de la “res pública”, aunque se trate de un estado monárquico.

Y que no se nos venga con el argumento de que esa remuneración ´post tareas realizadas´ se dan en otros muchos países, porque si en el resto de Europa o del mundo se hacen disparates, no parece recomendable seguir su ejemplo, es decir, que el refrán auténtico es que “mal de muchos, consuelo de tontos” y no “consuelo de todos”. Y porque haya lugares en los que, v. gr., el aborto sea legal, no por eso, aquí vamos a legalizar que las madres que lleven en su seno un hijo, puedan buscar y contratar a un sicario para que asesine al que vaya a nacer. Mi señoría ya se ha manifestado respecto a este problema, en “No a esa “Ley de Salud Sexual…” (accedan ahora vuesarcedes, si gustan, a esta parleta, ´pinchando´, así como a algunas de las citas que se hacen en ella).

Aparte de que, como ha dicho últimamente Aznar en León, ´un deterioro nacional “no puede quedar sin sanción política” pues Rodríguez Zapatero ha convertido a “una de las naciones más boyantes” en un país “sin confianza”´ Pero esto merece tratamiento aparte.

Acerca de si los ex presidentes deben renunciar a lo que devengan en el Estado si tienen aparte otras dedicaciones que le proporcionan muchos más recursos, hay diversas teorías, pero en la práctica mi señoría no sabe de nadie que lo haga, lo cual, a juicio de uno, es echarle un poco de rostro al asunto. ¿O no?

17-01-2011.

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

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