(o “Adjetivos numerales ordinales en evitación de males”).
Si mi señoría les dijera o dijese a vuesarcedes que ésta es la noningentésima nonagésima octava chirigota o cuchufleta que escribe uno y ´cuelga´ en este excelente periódico virtual que es “Periodista digital” (¡De nada, don Alfonso!), vuesarcedes, ¿qué dirían de este escribidor, de setenta y trece años, que con insoportable frecuencia escribe y ´cuelga´ chorrada tras chorrada, en el tan prestigioso y prestigiado diario citado ´ut supra´? Posiblemente me pondrían cual no digan dueñas, con calificaciones como “es un pesado”, “se lo toma todo a broma”, “quiere hacerse el gracioso, pero no tiene gracia ninguna”, “no aborda los temas con seriedad”, “es demasiado crítico”, “abusa de la ironía hasta el extremo de que convence al lector de que crea que dice lo que quiere decir y no lo contrario”, “no pierde ocasión de hacer uso de un desmesurado autobombo o elogio público de sí mismo”, “no aporta nuevos conocimientos”, “casi siempre utiliza las dos formas del pretérito imperfecto o simplemente pretérito de los verbos cuando con una es suficiente”, “abusa de muletillas como ´ambos inclusive´, lo citado ´ut supra´,… Y más calificaciones, muchas más podrían atribuirme vuesarcedes. Pero no es menos cierto que uno podría ir desmontándolas todas y cada una de ellas, si dispusiera o dispusiese de tiempo suficiente para ello. Y harelo en su momento, pero antes mi señoría tiene que seguir torturándoles con más y más chirigotas, hasta hartarles.
Y curiosamente es este verbo, hartarse, el que me sugiere contarles una anécdota que ´presuntamente´ no les he contado todavía y que tiene su aquel. Es breve y melodramática, aunque no se describe cuál fue su epílogo. Dizque un pasajero de un avión, parecido a esos que utilizan en ciertos viajes algunos miembros del Gobierno del Reino de España, cuyo Presidente es todavía y no sabemos hasta cuándo, el señor González…, digo Rodríguez, perdón; pues bien, repito, que un pasajero con ansias de ligar, en un avión de esos, al ver a una bella azafata de la tripulación, sintió la necesidad de dirigirse a ella, con intención de pegar la hebra y, si se ponía a tiro, ´conquistalla´. Y no se le ocurrió otra cosa al buen hombre que abordarla con la frase o sintagma éste (este éste, estimables leedores, podría ir sin acento ortográfico o tilde, por muy pronombre(?) que sea, según un reciente ´decretazo´ de los miembros de la RAE):
-Disculpe, señorita, ¿vamos a tomar tierra?
Y como la azafata en cuestión, vía pinganillo, estratégicamente situado en su lindo oído, acababa de recibir la noticia, de la cabina de vuelo, de que empezaba a fallar también el último motor que les mantenía en el aire, le contestó al viajero en cuestión ( pero con mucha calma, eso sí, para no alarmar al resto del pasaje):
-¿Que si vamos a tomar tierra? Hasta hartarnos, caballero. ¡Hasta hartarnos…!
No consta, en el anecdotario de mi señoría, si el avión de marras por fin se la pegó o no, pero de lo que no cabe duda es de que la aeromoza le dio al ´presunto´ ligón una ingeniosa respuesta, habida cuenta la inquietante noticia que le acababa de comunicar a ella el comandante de la nave.
Y con esta digresión, finalizando está mi señoría la que al inicio les anunciaba como la cuchufleta 998 que diría un ignaro, pero que uno, como corresponde al genio literario que es, la llamaba la noningentésima nonagésima octava, como debe ser, porque los adjetivos numerales ordinales están para algo, ¡coño! ¿O no?
12-03-2011.
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