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Nada de “business class”: “¡first class!”

Rufino Soriano Tena 13 Abr 2011 - 15:24 CET
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(o “Cuando un eurodiputado vuela, su ´fly´ nos cuesta una hijuela”).

Aquí está mi señoría, siempre rompiendo lanzas por nuestros políticos. “Qué buenos son los puñeteros / y lo bien que defienden nuestros fueros”. Y los suyos. Sobre todo, los suyos.

La parleta hodierna se va a dedicar a los eurodiputados. Pobrecillos. Si no fuera o fuese por ellos, ¿quién iba a defender nuestros derechos, en Europa? Es verdad que hay gente que dice que los políticos que acaban en Bruselas o en Estrasburgo, por lo menos los de España, provienen o bien de lo que algunos llaman el ´desecho de tienta´ o de los que algunos barandas consideran que hay que alejarlos de la política interna del país para que no entorpezcan u obstaculicen el progreso de tales barandas dentro de los partidos. Y es cierto que habrá casos en que esto sea así, pero a juicio de mi señoría estas situaciones son minoritarias, excepcionales, y nosotros, siendo como somos sus votantes, es decir, habiéndolos elegido nosotros mismos, denostarlos sería un contradiós. Por tanto, hemos de defender a ultranza que ellos tengan unas remuneraciones de toda índole (chollos, enchufes, momios, canonjías, sinecuras, etc.) cuanto más elevadas, mejor. Es más: a la hora de enjuiciar su actitud en esa votación de la que hemos tenido noticia últimamente acerca de si, a partir de ahora, eran más proclives a realizar sus viajes, en avión, en clase turística en lugar de hacerlo en business, mi señoría está de acuerdo en que prefieran ir en business. Es más, uno diría que en “first class”, porque si son ellos los que deciden en qué clase han de viajar, sería de tontos tirar piedras a, o contra, su tejado. Hasta el extremo de que el resultado de la votación haya sido, de 402 votantes, 216 que lo han hecho a favor, 56 que se han abstenido y, obviamente, 130 en contra; hasta el extremo de que el resultado en cuestión puede ser indicio de cierta estulticia en quienes tienen encomendada la honorable función de defender nuestros fueros, amén -y sobre todo- de los suyos, como dicho ha quedado ´ut supra´. Es decir, eso de que, en principio, 216 creen que deben viajar en clase turística, y 130 que deben continuar en business, no induciría al mejor de los diagnósticos.

Pero lo más curioso de todo este tinglado es que, según declaraciones que leo en “La Gaceta”, el eurodiputado de ERC Oriol Junquera ha dicho: “Compartimos la inquietud con la calla” y hay que “mandar al ciudadano un mensaje importante: compartimos su preocupaciones en plena crisis económica”; don Jaime Mayor Oreja, del PP, ha dicho: “Estaban pensando en las elecciones”. “Es una encuesta extemporánea”, presentada por un eurodiputado comunista portugués que está pensando en los resultados electorales”; y, por fin, lo que ha manifestado el socialista Juan Fernando López Aguilar: “Los socialistas votamos en contra por error”. Y añadió que viajan en primera (habrá querido decir en business) por “flexibilidad”, dado que por los muchos viajes que realizan, “a menudo es necesario hacer varios enlaces y cambiar vuelos”. Y añade que ha cambiado el voto de negativo a abstención “por coherencia”. Y que si votaron en contra en vez de abstenerse fue por (¡abróchense los cinturones!)“un error en la gestión de la directriz del voto”, (¿lo ´pillan´ vuesarcedes?) justificada en que los eurodiputados “votan cada día centenares de enmiendas de informes”. Bueno, ¿y qué?

Mi señoría prefiere no seguir dándole más vueltas en su (mi) bien amueblada cabeza, calamocha o cholla al tema, porque puede acabar uno convenciéndose de que… ¿De que todos somos iguales? No, por favor: todavía hay clases. Hasta junio, seguro; hasta en la Complutense. Pero, vamos, por ejemplo, eso de “un error en la gestión de la directriz del voto” (y eso, ¿qué coño es? ¿Un retruécano o qué?), porque los eurodiputados “votan cada día centenares de enmiendas de informes”. Pero, ¿no sería mejor que votaran o votasen menos y que no cometieran o cometiesen errores? ¿O no?

13-04-2011.

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

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