(o “Reimplantando dos impuestos”).
Mientras se dilucida si la “teta” o “mamandurria vitalicia post presidencial” es compatible con lo de ejercer “la supervisión de nubes, acostado en una hamaca y mirando al cielo”, lo que ocurre es que va pasando el “time”, y el candidato a la Presidencia del Gobierno por el PSOE para las próximas elecciones, anda el hombre por ahí prometiendo que si él sube al “poder supremo” del Gobierno de la nación va a poner un impuesto a los ricos de “cáguense los canadienses”… Bueno, y él no lo dice así, pero mi señoría cree que es como si lo dijera o dijese. Es más: este candidato no necesita subir al poder, porque con decirle al todavía Presidente del Gobierno del Reino, señor Rodríguez, que lo ponga, mejor dicho, que lo imponga, el señor Rodríguez va y… ¡Qué coño “va”! Ya “ha ido” y lo ha impuesto. Es un gravamen de tan dudosa etiología, que cuando llegaron al poder los socialistas estaba vigente y lo quitaron, porque era una doble imposición y no sé cuántas razones más, todas ellas perversas. Sí, y ahora lo han “recuperado” porque lo ha dicho el candidato Pérez Rutenio-Boro-Aluminio-Calcio-Bario. ¡Cómo que si manda…! Si ya ha sido “Vice” o «En vez de” Presidente del Gobierno. ¿El segundo apellido? Hombre, es verdad que es un poco técnico, pero si vuesarcedes recuerdan los símbolos químicos de los elementos, como el del rutenio es Ru; el del boro, B; el del aluminio, Al; el del calcio, Ca; y el del bario, Ba; pues si se unen, nos queda RuBAlCaBa. Es que como somos colegas (bueno, él será Doctor y uno sigue de mero Licenciado), esto de los símbolos todavía lo recordamos. ¿A que es ingeniosa la ocurrencia? A mi señoría es que estas cosas de siempre se le dan “de bigote de pato viudo”…
Y tampoco en el tema fiscal soy manco. A mí se me ha ocurrido, ¡admírense vuesarcedes!, recomendarle al colega Rutenio-Boro-Aluminio-Calcio-Bario que estudie con el señor Blanco, ministro de Fomento, y con la señora o señorita doña Elena Salgado la posibilidad de reimplantar dos impuestos de la época del franquismo (¡lagarto, lagarto!). Refiérese uno a que, recordando las cosas del ayer, con lo de la memoria histórica (porque ésta no sólo sirve para dar subvenciones a los del partido y eso), lo primero que se encuentra mi señoría, en el ámbito fiscal, es con dos impuestos o gravámes de esos de “toma pan y moja”, y nunca más oportuno el símil ´manducatorio´ o de ingesta alimentaria, pues los nombres no podían ser más explícitos: el del “plato único” y el del “día sin postre”.
En efecto, ¡qué se le va a hacer!, la cosa proviene de una época terrible, en que hubo un dictador en nuestro suelo patrio, y resulta que el Gobierno… No, pero la época actual no es terrible, sino todo lo contrario: de total bonanza y bienestar, porque eso de “los cinco millones de personas que no trabajan”, a juicio de mi señoría no es que no encuentren trabajo, sino que igual en ese colectivo se incluye a los políticos que como algunos, o sea, bastantes, no dan un palo al agua y al parecer hay “muchismos”, se habla de esas cifras, pero no, aquí actualmente se vive fenomenal. Muy bien, muy bien. Lo de elevar los impuestos es para solventar un problema de ingeniería social, es decir, para que los ricos paguen mucho más que los pobres, aunque los pobres también conviene que paguen algo para que se vayan acostumbrando para cuando sean ricos, y así entonces no se les hará tan molesta la cosa. Y conste que en ningún momento se ponen nuevos impuestos porque la prima de riesgo, ese familiar molesto, esté continuamente descalificándonos. Que es que en todas las familias hay siempre alguna oveja negra.
En fin, mi señoría va a explicarle a los leedores cómo se llevaría a cabo la reposición del impuesto del “día del plato único” y la del impuesto del “día sin postre”. Miren vuesarcedes: consistía uno de ellos, el primero, en que toda la tribu, un día determinado de la semana, a la hora de la comida o de la cena, ambas exclusive (o sea, que o a la comida o a la cena, mas en ningún caso a entrambas colaciones) en lugar de ponerse las botas engullendo una ingesta integrada por múltiples y variados platos, restringían su yantar a un solo plato. Eso, el primero. Y el segundo, refiérome al segundo impuesto, también para toda la tribu, no era otra cosa que prescindir asimismo, un día a la semana, del grato deleite de deglutir fruta, dulce u otras cosas que se servían antiguamente al fin de las comidas o banquetes. O sea, que si se habían ingurgitado ya otras viandas que no tuvieran o tuviesen la consideración de “final feliz”, se acabó. De postre, nada.
Así, las familias se ahorraban el coste de esta dos abstenciones alimentarias y lo tributaban al Estado, con lo que éste iba acumulando recursos para poder hacer frente a eventuales sacaliñas que provocaran los despilfarros de futuros políticos, así como a posibles cohechos, malversaciones de fondos, blanqueos de capital, tráficos de influencias y tantas y tantas detracciones económicofinancieras que pudieran o pudiesen acontecer por mor de las insaculaciones dolosas de gente, por no decir gentuza, que van a llenar su saco, caiga quien caiga.
Y con lo dicho, mi señoría estima que todo esto está ya muy claro y da por finalizada la parleta hodierna. De cualquier forma, ya se sabe aquello de “los políticos y los pañales se han de cambiar frecuentemente y … por idénticos motivos. ¿O no?
16-09-2011.
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