(o “Cada día te -o sea, me- consideran más imbécil”).
Es que mi señoría recuerda que en la época del primer ´ministrazgo´ del señor Rodríguez, del PSOE él y a la sazón –imagino– aspirante a la Consejería de Estado, con lo que, si se da prisa, durante dos años va a estar percibiendo el 80 % del sueldo de su cargo anterior más lo que le corresponda como Consejero… No, mi señoría cree que no serán salarios incompatibles… Bueno, si fueran o fuesen incompatibles, se le dice al actual Presidente del Gobierno del Reino de España y otrosí Presidente del Consejo de Ministras y Ministros, se le… mejor que se le dice, se le suplica que: considerando que ha obtenido mayoría absoluta en las recientes elecciones generales; considerando que hoy por ti y mañana por mí, porque ´como me veo te verás´, según puede decirle José Luis a Mariano; considerando los dos considerandos precedentes, le suplica –y van dos también– a éste, o sea, a don Mariano, que emita un Decreto mediante el cual se compatibilice lo hasta ahora incompatible al respecto.
Y ya sabe el señor Rajoy que cuando él sea mayor también podrá beneficiarse de lo que el señor Rodríguez se beneficiará a partir de la fecha de publicación del Decreto de marras, que bien podría denominarse “de compatibilización de lo hasta ahora incompatible” O sea, que donde dije digo…
En fin, a lo que estamos. El 24 de enero del año 2009, tres años ya, mi señoría publicó una chirigota que fue muy bien acogida no sólo en España sino en casi toda la UE, titulada “Me ha escrito el ministro…”, que vuesarcedes ya no recordarán (esto si la leyeron, que me temo lo peor), pero si ahora han ´pichado´ y leído, no se hable más. (Los que no utilicen como lengua vehicular el español y deseen tener esta joya literaria en otra lengua, comuníquenselo a mi señoría que -¡menudo es mi señoría!- él les proporcionará una versión en el idioma que le manifiesten. Faltaría más…).
No, si el problema está en que entonces, en la época aquélla, le escribió a mi señoría el ministro, y hoy, sin embargo, o no obstante, le escribe la Directora General de… Debe ser, por el membrete, la Directora General de la Secretaría de Estado de la Seguridad Social, y le dice, o sea, me comunica que “a partir del mes de febrero 2012, el importe líquido mensual de su, o sea, mi pensión quedará establecido en —- euros, resultado de aplicar, sobre el importe íntegro, un tipo de retención por IRPF del 20,07 %”
Pero eso es lo de menos, porque pasar de un (¿qué? ¿Ya se les ha olvidado?); de un 16,85 % a un 20,07 %, apenas supone una miseria de pasta que uno la cede de buen grado, a pesar de que “entre el honor y el dinero, lo primero es lo segundo y lo segundo es lo primero”, pero lo que más le hiere a uno en su amor propio es que no sea el ministro el remitente de la epístola en cuestión. Con esto quiere uno expresarle a vuesarcedes cómo han cambiado los tiempos. ¡Qué cambio de modales…! ¡Qué trueque de actitudes…! ¡Qué metamorfosis tan deprimente…! Antes, por un 16,85 % te escribía un ministro, y ahora, sin embargo, o no obstante, te cascan un 20,07 % y te escribe una mera Directora General… Y es que con el paso del tiempo se van perdiendo los modales de una forma preocupante. E insiste mi señoría en que no es por el dinero, porque a los que lo tenemos en abundancia, ¡qué más nos da que nos retengan un 3,82 % más! A los ciudadanos de pro lo que más nos interesa es que nos retengan lo que sea necesario, pero que nuestras autoridades, nuestros políticos , nuestras organizaciones empresariales y nuestros sindicatos, sobre todo los mayoritarios, no tengan que ir por el mundo, por el mundo mundial, escatimando gastos, porque eso es lo que más nos puede perjudicar. Si cuando un rico no quiere que le retengan más, con irse a un paraíso fiscal, problema resuelto. Hombre, claro: si le pillan es peor, pero para eso está uno. Y si no, para eso están los asesores.
Y lo que peor nos sienta tanto a vuesarcedes como a mi señoría es el final de la carta de hogaño, que concluye con un “lamentando los inconvenientes que esta situación le haya podido ocasionar…” Sinceramente hay que pensar que la remitente del comunicado en cuestión no debe saber “con quién está hablando”. ¿O no?
22-02-2012.
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