(o “Quien haya insaculado, que devuelva lo robado”).
La verdad es que mi señoría no acaba de entender a este Gobierno. Y no será porque no les votara uno y se alegrara sobremanera de que tuvieran mayoría absoluta. Así podrán gobernar, porque si no… Eso pensamos vuesarcedes y mi señoría, pero a medida que pasa el tiempo vamos comprobando que ni con mayoría absoluta. ¡Qué atajo de inútiles…! Pero si es que no dan ni una en el blanco… Y, ¿la oposición? ¿Qué me cuentan vuesarcedes de la oposición? Eso: que salimos de Málaga y nos metemos en Malagón. O sea, que tampoco el congrio es mal ave. No les digo más que mi señoría está estoicamente horripilado. Hay algo, sin embargo o no obstante, en lo que se le podía dar una nota alta a entrambos partidos políticos mayoritarios , es decir, a los del PP y a los del PSOE, ambos inclusive, si a bien lo tienen y el que avisa no es traidor (sí, son latiguillos que he). Hoy mismo, estando ya estoicamente horripilado como se ha dicho, no he podido por menos que quedarme anonadado cuando leído he, en varios periódicos, que la Vicepresidenta del Gobierno , en la rueda de prensa de después del Consejo de Ministras y Ministros, ambos inclusive, nos ha comunicado que “se dio luz verde a la creación de una comisión de expertos para hacer una revisión completa del sistema actual (refiriéndose al sistema tributario) y presentar sus propuestas en un informe que deberá estar terminado en febrero de 2014”. ¡Anda!, otra comisión. Es decir, que las ministras y ministros, que tienen mogollón de asesores de los que ahora, en teoría debían estar despidiendo a una buena parte, para aliviar en lo posible el gasto que ello supone, ahora que todo el mundo está convencido de que la etiología de parte de nuestra ruina económica es el exceso de personal de las administraciones de ámbito nacional, autonómico, provincial, municipal, rural y otras, va el Consejo de ministras y ministros y da “luz verde” a la creación de “otra” comisión, nada menos que de nueve catedráticos, que seguro que no van a cobrar ni un euro… Ni un euro, ni dos , ni tres, sino miles cada uno. Y mi señoría se pregunta: Pero bueno, ¿para qué están los funcionarios? ¿No hablan del adelgazamiento de las administraciones? Mi señoría no sabe hasta qué ´point´ será cierto, pero es que me han asegurado que con el dichosito estado de las autonomías, España ha pasado de tener unos 600.000 funcionarios a los más de 3.000.000 que tiene actualmente. ¿Es que, entre esos 3.000.000 no hay nueve expertos que puedan realizar el estudio en cuestión para la reforma fiscal y es necesario recurrir a personas ajenas a la administración como tal, aunque todos sabemos que los catedráticos son funcionarios? Y ¿qué me dicen vuesarcedes de las cohortes de asesores que tienen estos personajes de chichinabo? Además, si los están echando para que ´adelgace´ la administración, ¿qué sentido tiene poner gente en la calle y contratar a otros para la realización de tareas como ésta a la que nos venimos refiriendo? Como Penélope: tejer y destejer.
Otra de las cosas por las que uno vive un sinvivir continuo y me temo que a vuesarcedes les acontece algo parecido, es la que se refiere a la casi inexistente costumbre de la restitución. A diario sabemos de uno o de varios personajes (o entidades, da igual) que se han apropiado de algo ajeno, que les han pillado e incluso les han puesto a la sombra, es decir, les han metido en el trullo por haber distraído unos miles o millones de euros. Bueno, pues el sentir generalizado -y es lo que más duele a la ciudadanía- es que de devolver lo insaculado (de in-1 y el lat. saccŭlus, saquito),nada. En este país de SSS (y con esto no quiero decir Soraya Sáenz de Santamaría por la ayuda que dizque que esta dama haya podido prestarle a Prisa, sino que me refiero a señores seguros y sanos): en este país, repito, al parecer, todo el mundo se teme que quienes roban, al menos en una inmensa mayoría, se van de rositas. Y por eso, mi señoría propone que a todo aquel que se le pille en cualquier acto de trinque, sustracción o robo, en particular de fondos públicos, sean de índole herpatológica o de otra clase parecida, que en lugar de darle cualquier colgajo o abalorio (collares, cruces, etc.) que haga alusión a S. M. la Reina Isabel la Católica o similar, se le obligue a ingerir una fuerte dosis de algún eficaz vomitivo, en el sentido médico de la palabra, es decir, que ingiera alguna sustancia de las “que se aplican para provocar el vómito”, para que así, los cacos, en lugar de irse de rositas, no se vayan, sino que se queden en la cárcel hasta que devuelvan el último maravedí que robado hayan. Sólo eso, tanto para la derecha como para la izquierda, incluidos los extremos, el centro y sus aledaños. Es decir, que en todo caso, devuelva lo que haya insaculado (o metido en su saco). Y, colorín colorado, este cuento se ha acabado. ¿O no?
Otras cuchufletas de posible interés: «Tolerancia cero en trinque, defraudación y despilfarro», «Clima de corrupción generalizado» y «La corruptela por la pela».
6-07-2013.
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