(o “¿Cada español le debemos más de 200 pavos?”).
¿A que a vuesarcedes no les extraña que mi señoría esté en un sin vivir, si es verdad lo dicho en el frontispicio de esta chirigota? Machos, es que 200 pavos son o equivalen a 33.277,20 pelas. Y nosotros, los españoles (excluidos los propios catalanes) sin ser conscientes de esa deuda… No, si a inconscientes no hay quien nos gane… Por eso no queremos la secesión, claro, porque los catalanes, antes de independizarse , querrán que les satisfagamos la deuda. Porque las cuentas están claras. ¿No se dice en nuestro idioma que “las cuentas claras y el chocolate espeso”? Pues «toma del frasco, Carrasco, que del botijo da asco…» Mi señoría se lo explica a vuesarcedes en un pis pas. La deuda total, si es verdad lo que dice el informe que está elaborando el ejecutivo del señor Mas, don Artur (antes Arturo), informe que lleva por título “La deslealtad del Estado respecto a Cataunya (sic). Balance de situación”, los cálculos son tan simples como lo clásico de la “cuenta neta, veinticinco mujeres, cincuenta tetas” (si hay niños, en lugar de tetas debe decirse glándulas mamarias, para que no se escandalicen). En efecto, si vuesarcedes dan por bueno el dato del total de la deuda (9.375 millones, o sea, 9,375 millardos –y los que no deduzcan todavía lo que son los millardos, que relean “´Insacular´ y ´millardo´”-, al dividir esa cantidad por el número de habitantes que tenía España al empezar el año 2013, que eran 46.704.314, poco más o menos, resulta que a cada español (incluidos los catalanes) nos corresponde una deuda personal de 200,73 euros. Esta situación del balance económico personal de cada indígena tenía a mi señoría desasosegado. Porque ¿a vuesarcedes cómo se les queda el cuerpo, conocido lo dicho? No es extraño.
Pero aún no se ha difundido esta chirigota y hete aquí que le llegan a uno noticias de nuestro nunca bien ponderado ministro de Hacienda, señor Montoro, a quien, por cierto, mi señoría tuvo el honor de dedicarle, hace unos días, una perla literaria de éstas –si no la leyeron en su momento, nada como hacerlo a la sazón, o sea, ahora mismo, simplemente ´pinchando´ en su título (“Delendi sunt Montori impuestos” ); le llegan a uno noticias de que el ministro de Hacienda acusa a la Generalitat de mezclar cifras “indebidamente” en su lista de agravios. Así dice un titular de www.abc.es. Por consiguiente, parece que los datos del señor Mas, don Artur (antes Arturo) no están claros para dominus Montorus y, por ende, habrá que ver qué hay de verdad entre unos datos y otros. Ergo habrá que llegar a un cierto sincretismo, si es posible. ¿Qué, que no saben qué es eso del sincretismo? Con razón el informe Pisa, en su modalidad del PIAAC -el referido a adultos- incluye a los españoles entre los ciudadanos de reducida comprensión lectora, pero no se preocupen vuesarcedes, que para eso está aquí mi omnisciente señoría, sabio donde los haya, que ´gratis et amore´, como siempre, va a aumentar esa escasa comprensión lectora, ofreciéndoles hasta la etimología de ese vocablo, sincretismo, cuyo no tienen vuesarcedes, a la sazón, ni zorra idea. Atiendan, ¡caramba! Sincretismo. (Del gr. συγκρητισμός, coalición de dos adversarios contra un tercero). 1. m. Sistema filosófico que trata de conciliar doctrinas diferentes (DRAE dixit). O sea, que se pongan de acuerdo, que concilien los datos el señor Mas y el señor Montoro, ambos inclusive, teniendo en cuenta que han de olvidarse de que “aquila non capit muscas”, es decir, que “el águila no caza moscas” o, lo que es lo mismo, que ambos prohombres han de preocuparse también de las cosas menudas, ¡qué diablos!
Y a ver si en esto hay más suerte para vuesarcedes y para mi señoría, ambos inclusive, que la que habido ha en la resolución del juicio del caso del Bar Faisán, porque… Miren lo que acabo de leer en el editorial de www.gaceta.es que, entre otras cosas, dice:
“La sentencia del caso Faisán no hace sino confirmar con los trazos más nítidos y firmes la imagen de escasa imparcialidad de que hacen gala algunas sentencias. Hace falta mucho cuajo para pretender que lo que ocurrió en ese lugar de infeliz memoria no constituyó un acto de colaboración con los terroristas, sino una mera revelación de secretos, un delito que, casualmente, está penado de manera mucho más suave, según convenía a los verdaderos responsables de este vergonzoso episodio que, naturalmente, no estaban ni siquiera procesados”. ¡Qué fuerte! ¿O no?
17-10-2013.
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