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Toreros neandertales

Manuel Molares do Val 19 Sep 2009 - 17:22 CET
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Tienen razón quienes defienden la fiesta del Toro de la Vega, en Tordesillas, que consiste en perseguir en masa a uno de esos animales para alancearlo hasta matarlo como parte de los antiguos ritos solares celtibéricos y, por tanto, un vestigio antropológico, fiesta protegida y patrimonio de la Junta castellano-leonesa.

Las personas desconocedoras de la caza de animales en la prehistoria no entienden ese espectáculo ancestral en el que la turba, con acosadores de todos los sexos y edades, hostiga a pie y a caballo al despavorido toro dándole lanzadas en una salvaje orgía de sangre, sudor y gritos ancestrales.

No todos los 8.500 habitantes de Tordesillas siguen ese rito. La mayor parte de quienes lo practican cada año a mediados de septiembre llega a ese pueblo vallisoletano desde el resto de España.

Si observa usted a los toreros descubrirá con admiración darwiniana que está ante seres neolíticos, seres primitivos que deberían haberse extinguido al llegar otras civilizaciones más cultas y evolucionadas. Pero aquí campan, todavía hoy, con sus ritos tribales de cazadores hambrientos y salvajes.

Los bioquímicos estudiosos del ADN y los paleontólogos especializados en la evolución de las especies deberían analizar la pervivencia de estos ejemplares, que son como neandertales que no hubiera desaparecido al aparecer los cromañones.

Bajo este prisma, los amantes de los animales deberían aceptar que ningún toro vale tanto como estos fósiles vivos, en cuyos cerebros deberían hurgar los neurólogos.

Los toros no están en peligro de extinción, pero estos seres prehistóricos, sí, porque inevitablemente desaparecerán algún día al evolucionar hacia el Homo sapiens, hacia cromañones contemporáneos.

No debemos proteger el Toro de la Vega, sino a sus torturadores. Debemos estudiarlos como reliquias y no asombrarnos si descubrimos que practican la antropofagia, como hacían sus ancestros en su no lejano hogar de Atapuerca.

Manuel Molares do Val

Natural de Vigo/Pontedeume, Galicia, trabajó para la Agencia EFE como corresponsal permanente en México, Bélgica, la República Popular China –el primer peridista español destinado allí–, y EE.UU. Fue enviado especial en todo tipo de acontecimientos en los cinco continentes.

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