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Rodeados de piratas

Manuel Molares do Val 08 Oct 2009 - 18:13 CET
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Imaginemos que traen a España, como ordena el juez Garzón, a dos de los piratas que asaltaron el atunero Alakrana y que fueron capturados por la Armada: algún penalista los sacará de prisión enseguida por falta de legislación específica para su caso, y hasta posiblemente conseguirá que los indemnicen por haber sido secuestrados en aguas somalíes.

En sus crónicas “Entre Andorra y Gibraltar”, Miguel Higueras plantea una hipótesis fascinante: como previsiblemente les ocurrirá eso, los inmigrantes africanos que quieran venir a España podrían encontrar más útil dedicarse a la piratería para dejarse detener que embarcarse en las demasiado mortales pateras.

Pasan poco tiempo en cárceles con aire acondicionado, donde comen y descansan magníficamente, aprenden español y quedan libres. Y como muchos serán difícilmente repatriables, permanecerán en España, donde casi todos ejercerán su oficio, la piratería.

Por todo el país los ve usted en medio de cualquier aglomeración humana, una calle o plaza céntricas, en mercados, ferias y fiestas; en todas partes están los que la SGAE llama piratas.

Piratas con discos de música, películas y juegos de ordenador, bolsos, ropas, relojes, calzados, todo falsificado. Una enorme bolsa de economía oculta sobre la que no hay estudios creíbles.

Quizás porque no conviene: si se emprenden, decenas de organizaciones de derechos humanos le atribuirán racismo y xenofobia a los investigadores; además, se descubrirá que gran parte de los llamados subsaharianos que viven en España son piratas, aunque generalmente amables y pacíficos.

Se dice que los atuneros vascos secuestrados ondean sólo la ikurriña y no la bandera española, pero algo parecido hacen nuestros armadores más patriotas: evaden impuestos matriculando sus barcos en Panamá, Liberia u otros países de conveniencia, lo que en lenguaje marítimo los define también como piratas.

Estamos, pues, rodeados por bucaneros, y eso sin fijarnos aún en los políticos.

Manuel Molares do Val

Natural de Vigo/Pontedeume, Galicia, trabajó para la Agencia EFE como corresponsal permanente en México, Bélgica, la República Popular China –el primer peridista español destinado allí–, y EE.UU. Fue enviado especial en todo tipo de acontecimientos en los cinco continentes.

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