Al director de Greenpeace España y a la valenciana María José Carrascosa les ocurre lo que a muchos españoles que creen que las leyes de otros países son tan benévolas como las suyas, una ingenuidad porque el perro mundo exterior es muy severo y los manda a prisión tras cualquier error.
Juan López de Uralde, el director de Greenpeace, creyó que las autoridades danesas tomarían a broma que se hiciera pasar por invitado a la recepción que la Reina le ofreció a los dirigente políticos de todo el mundo en la reciente Cumbre del Clima.
Va a estar como mínimo un mes en prisión por simulación, usurpación de personalidad y poner en peligro a la Soberana: quien se introduce falsamente en un acto así puede ser un terrorista.
En España no lo detendrían, por temor a que llamara fascistas a las autoridades. Pero en Dinamarca no existe ese miedo, como tampoco lo hubo con un par de jóvenes españoles que hicieron pintadas en calles de Copenhague, o con otros que pisotearon banderas nacionales de un país vecino: en ambos casos, meses de cárcel.
María José Carrascosa, casada con un estadounidense al que conoció en chats de internet, huyó de EE.UU. a España con la hija de ambos alegando que él le había mentido y que era un maltratador.
La justicia española, que aplicó las “leyes de género” que minusvaloran el testimonio del hombre, le concedió a ella la custodia de la niña.
Pero un jurado popular y multirracial de seis hombres y seis mujeres de Nueva Jersey que oyó equilibradamente a ambas partes encontró culpable a Carrascosa de numerosos delitos, incluyendo los de secuestro, contumacia y de acusaciones falsas contra el exmarido: el juez la sentenció a catorce años de cárcel.
España es una fiesta, pero el exterior es algo muy serio: es un perro mundo.
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