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Tontos atómicos

Manuel Molares do Val 14 Mar 2010 - 15:57 CET
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Durante varios siglos llegaron desde América a España galeones cargados de oro y plata pero aquí se pasaba hambre: la monarquía, la aristocracia y la iglesia creían que especular o manejar esa riqueza en asuntos terrenales era deshonroso y pecaminoso, lo mismo que dicen ahora los políticos del país sobre la energía nuclear.

Para no contaminar linajes y almas, entregaban los metales a prestamistas y comerciantes holandeses que les concedían créditos para las guerras y les vendían bienes perecederos que ellos rechazaban producir.

Así fue España, con un paréntesis en el siglo XX vinculado al Opus Dei que, enfrentado al talante neoaristocrático falangista, impuso la idea protestante y judía de que comercio y negocio son virtud.

Pero, poco a poco, especialmente bajo el talante neoaristocrático del Socialismo del Siglo XXI de Zapatero, hemos vuelto al marxismo de los curas seudoobreros, según los cuales trabajar es una maldición, ganar dinero un crimen, y el progreso malísimo para la ecología del Planeta Yuppi y la Pachamama.

Cataluña ya empieza a desmoronarse socio-culturalmente, se cae la electricidad y los amantes de Yuppi insisten en que por allí no pasarán cables de alta tensión procedentes de Francia, imprescindibles para sobrevivir.

Además, quieren cerrar las centrales nucleares que sostienen la economía de la región, y rechazan formalmente en el Parlamento almacenar los desechos de esas centrales.

Lo mismo pasa en Castilla-La Mancha, con el obispal PP y el PSOE negándose a aceptar iguales desechos, que, reciclados mañana, serán nueva fuente energética: nobleza y curas como antes. E igual el resto del país.

Mientras, la pequeña Holanda ha construido un almacén de residuos que es un jardín botánico.

Como antes, que vaya para allá el oro nuclear español, y España, otros cuatro siglos llena de pobres y de tontos. Tontos atómicos.

Manuel Molares do Val

Natural de Vigo/Pontedeume, Galicia, trabajó para la Agencia EFE como corresponsal permanente en México, Bélgica, la República Popular China –el primer peridista español destinado allí–, y EE.UU. Fue enviado especial en todo tipo de acontecimientos en los cinco continentes.

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