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Teleterrorismo

Manuel Molares do Val 10 May 2010 - 13:46 CET
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Un solo ordenador de Wall Street, en Nueva York, llevó al mundo al borde de una castástrofe financiera el pasado jueves, lo que señala nuestra vulnerabilidad cuando alguien con tecnología y/o intenciones aviesas decide cambiar el curso de la Historia.

Los supervisores del sistema financiero no creen que la mayor caída durante una jornada en el parqué neoyorquino, 700 puntos en 15 minutos, fuera provocada por un movimiento de pánico generalizado, sino por manipulaciones desde algún ordenador.

Lo que nos lleva a ese mundo de piratas, que no siempre sabemos a quién obedecen, que empezaron creando virus destructivos, vaciaron luego cuentas corrientes, y que ahora pueden provocar un caos económico mundial, o quizás un pánico global.

Qué pasaría si esos hackers que tratan de entrar en el Pentágono o en la CIA, lo hacen en los sistemas del creciente número de países con botón rojo para sus bombas nucleares. Quizás algún genio bueno podría inutilizar sus armas. O quizás no, y exaspera más aún a dirigentes fanáticos y enloquecidos, como Mahmud Ahmadineyad.

También pueden crear emisiones de televisión y radio con mensajes que provoquen las reacciones populares que se deseen: el sueño de los personajes malvados de las películas de James Bond, o el cambio de la realidad por un Matrix virtual.

La policía española busca aún desde finales de abril los autores de una señal pirata que impidió ver en el centro de Madrid el partido de fútbol en el que el Barcelona fue eliminado de la Copa de Europa por el Inter de Milan.

Ya es vieja la manipulación a través de las ondas. Pero ahora la tecnología posee un poder incalculable para multiplicar la potencia de los mensajes que generen ira o cobardía ante una agresión: la reacción de muchos españoles tras el 11M recordaba a los jugueres teledirigidos.

Imaginemos un Gran Hermano que domine gigantescas masas de seres humanos usando el teleterrorismo.

Manuel Molares do Val

Natural de Vigo/Pontedeume, Galicia, trabajó para la Agencia EFE como corresponsal permanente en México, Bélgica, la República Popular China –el primer peridista español destinado allí–, y EE.UU. Fue enviado especial en todo tipo de acontecimientos en los cinco continentes.

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