Aunque ni ellos mismos lo sepan, los campeones del mundo de fútbol son ahora los publicistas comerciales más eficaces que pueda tener la economía española.
Gracias a su unidad y calidad, la bandera roja y amarilla generó admiración planetaria, deportiva y humana durante muchos días.
Y esa bandera, que es muy brillante y atractiva, se convirtió en el anagrama publicitario y en el mejor elemento de los spots más largos y gratuitos de la historia, con mayor impacto que cualquiera de las marcas mundialmente más conocidas.
Si se organiza enseguida una campaña internacional de la marca España y se le ponen banderitas a sus productos, se venderán mejor en numerosos países que sus competidores con distinto origen. Y si lo que se vende es bueno, habrá clientes fieles.
Hasta ahora los mejores vendedores de España eran los Reyes cuando visitaban una nación, y más las iberoamericanas, al conseguir que los industriales que los acompañan obtengan importantes contratos.
Realidad que resalta uno de los diplomáticos españoles más lúcidos y apreciados por quienes han tenido relación con él, el embajador Chencho Arias, que acaba de jubilarse.
Amante de la comunicación, su reciente libro “La trastienda de la diplomacia” (Plaza y Janés), escrito en colaboración con Eva Celada, debería ser de estudio obligatorio para diplomáticos y empresarios. Con 25 casos reales enseña cómo funciona el mundo de los intereses nacionales y de la alta política internacional.
Ahora, los españoles discuten sobre si los 600.000 euros que supuestamente va a cobrar de prima cada campeón español es mucho dinero.
Pues pensemos esto: si fueran comisionistas, y por las ventas que pueden obtenerse gracias a ellos, cada uno debería recibir, quién sabe, diez, cien veces más, y muchos miles de trabajadores tendrían que agradecerles su empleo.
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