Dinamarca ha anunciado el cierre de sus fronteras a sus vecinos Alemania y Suecia para evitar la entrada de inmigrantes africanos y asiáticos indocumentados procedentes de esos países, cuyo número creciente y demanda de servicios amenaza hundir su estado del bienestar.
A esta postura se le llama nazi o fascista desde antenas supuestamente progresistas pero ajenas a los problemas de una sociedad en la que sus naturales más necesitados pierden ayudas porque los recién llegados absorben los mayores fondos de solidaridad.
Por otra parte, ya no hay mercado laboral para nuevos inmigrantes, que deben vivir de subvenciones estatales, de la caridad y, algunos, de la delincuencia.
Los nacionales que se sienten perjudicados impulsan la progresiva xenofobia que crea partidos hostiles a los indocumentados.
Aparte, en muchas zonas de Europa se rechaza radicalmente la organización social de muchos inmigrantes, opuesta a los hábitos de sociedades avanzadas en el trato humano, especialmente con la mujer.
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