Los españoles, como sus pepinos y demás vegetales, están aislados. Del mundo. Son productos de un país al que una funcionaria provincial alemana puede arruinarle todo un sector económico en tres palabras: hortalizas españolas, bacterias.
Claro, porque la que no existe no es defendible. Y la nación española no existe porque es “discutida y discutible”, decía Zapatero, líder improvisado que llegó al poder manipulando un hecho horrible, los atentados del 11M de 2004.
Hasta entonces, y durante muchos años, los gobiernos de González y Aznar situaban a sus mejores cabezas como ministros ante Europa, y enviaban a Bruselas a profesionales de primer nivel, aparte de colocar a numerosos españoles como altos funcionarios en la UE.
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