Egipto camina aceleradamente hacia una dictadura religiosa peor que la impía de Hosni Mubarak. La Primavera Árabe fue un espejismo, y las mujeres son las primeras víctimas del invierno que llega.
Se persigue ya toda idea que se aleje de la ortodoxia de los Hermanos Musulmanes. Es la censura preventiva impuesta por fanáticos.
De momento se han clausurado numerosas actividades lúdico-impúdicas, como el famoso Festival de Cine de El Cairo, anual desde 1976, y el de Cine Católico. Se alegan “motivos de seguridad”: temen los atentados religiosos.
Simultáneamente se facilita la reaparición de un partido nazi cuyos candidatos a militantes se preparan para cazar y asesinar judíos.
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