Tras sufrir grandes disturbios, el tolerante Reino Unido del multiculturalismo se propone controlar a los encapuchados, incluyendo a quienes ocultan el rostro con niqab o burka, algo que nadie se había atrevido a exigir antes.
Los pandilleros amotinados en Londres y otras ciudades británicas que provocaron enormes daños y la muerte de cinco personas se caracterizan físicamente, más que por su raza, por sus prendas, entre las que destaca la capucha para hacer irreconocible el semblante.
La cultura europea se refinó cuando, entre otras medidas, prohibió ocultar la cara como hizo Esquilache con el embozo español en 1766, o consideró norma de educación retirar el sombrero al saludar y no ponérselo en lugares cerrados.
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