Unos policías tratan de detener por ladrón de coches al Rafita, que hace nueve años, siendo menor, violó, atropelló y quemó viva a Sandra Palo.
Al instante una horda de allegados se lanza sobre los agentes. Los golpean y les muerden, con peligro de contagiarles el SIDA.
Un juez decreta inmediatamente la liberación sin cargos del delincuente, y a pesar de sus atentados contra la autoridad ningún agresor es imputado.
Quizás porque vociferan acusando a la policía de xenófoba y racista, “porque somos gitanos”, lo que especialmente ante los progresistas “Jueces para la Democracia”…
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