Podríamos titular las advertencias del todopoderoso capitalismo catalán a Artur Mas como “Los empresarios catalanes se enfrentan al secesionismo”, pero, en realidad, los patronos de la que fue la región más rica de España no se oponen a la secesión, sino a que esta les cueste tanto dinero e impuestos que ya no les vale la pena.
Nada dijeron contra la deriva secesionista de los últimos tiempos de Convergència i Unió (CiU), el partido de Pujol y de Mas, que anticipó las elecciones autonómicas dos años creyendo que ganaría con mayoría absoluta para lanzar su reto independentista en solitario.
Pero perdió 12 diputados y quedó a 18 de esa mayoría.
Ahora necesita a la radical independentista Ezquerra Republicana (ERC) para avanzar en la secesión…
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