Entre los 2.000 ciudadanos que se manifestaron este fin de semana en la concentración “Rodea el Congreso” en Madrid para protestar contra la futura ley de Seguridad Ciudadana, circulaban enmascarados decenas de “redskins”, cabezas rapadas que se autoproclaman antifascistas, y que terminaron atacando a la policía.
Los concentrados, cenizas del movimiento 15M, incumplían una norma común en las democracias: no pueden invadir espacios cercanos a las sedes parlamentarias y a otros centros que representan a la voluntad popular, ni tampoco acosar a los legisladores (el escrache lunfardo, o el bullying inglés).
Se puede protestar fuera de ese tipo de espacios, y sus promotores deben comunicar esas acciones, que no pueden prohibirse si no perturban gravemente la vida ciudadana.
“Rodea el Congreso” y su final, con una veintena de heridos, la mayoría de ellos policías, siete detenidos y numerosos actos de vandalismo, ha vuelto a justificar para el Gobierno…
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