Aparte de las justificaciones o promesas de Mariano Rajoy en el debate sobre el Estado de la Nación, los ciudadanos conocerán su vigor como hombre de Estado si mantiene hasta finalizar su mandato su negativa a negociar con los nacionalistas catalanes cualquier cambio de estatus de su región, y rechaza contundente a quienes le piden blandura con ETA.
En ambos casos un Estado multicentenario que sobrevivió catástrofes constantes manteniendo su unidad y coherencia no puede cambiar la historia por las exigencias de determinados individuos de un par de generaciones y otras tantas regiones manipuladas con propaganda, al estilo de la alemana del III Reich.
No hay negociación posible, y deben saberlo, los que la recomiendan “entre España y Cataluña”, como la vicepresidenta de la Comisión Europea, la socialcristiana y humanitarita luxemburguesa Viviane Reding, y los que piden hacerlo “entre España y ETA”…
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