El periodismo libre en las democracias abusa ocasionalmente de su poder para tratar de cambiar el rumbo de la historia, como ocurrió en Alemania cuando forzó la dimisión del ahora rehabilitado Christian Wulff, su jefe de Estado entre junio de 2010 y febrero de 2012.
Las denuncias periodísticas apelan a sus investigaciones, pero en demasiados casos pisan terrenos pantanosos, sin pruebas, sólo indicios, que se presentan como creíbles, y que convierten en hechos reales.
Esas denuncias muestran así el afán ejemplarizante que señala como corrupta a toda “la casta” política, término de moda en el que se entremezcla sin matices honradez y corrupción.
Ocurrió con Wulff, de 55 años ahora, cristianodemócrata que tuvo que dimitir presionado por los medios alemanes, en especial por el populista Bild, supuestamente por haber recibido…
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